Regresando!!!
domingo, 28 de junio de 2020
viernes, 30 de septiembre de 2016
Celebración (one shot) by Felin
Celebración
by Felin
—¡Andrea! —grita mi madre en cuanto entra a mi
habitación y me ve con la mascarilla de aguacate que me he puesto en el rostro—.
Pero niña, te dije que me ayudarás y lo único que hiciste fue entrar a la
cocina a robarme mis ingredientes y venirte a encerrar a tu recamara como vil oso
invernando. Si no quieres ayudarme en la cocina, bien podrías poner la mesa o los
adornos…

sábado, 27 de agosto de 2016
Por Ella by Felin
Por Ella
No sé cuánto tempo ha pasado desde la última vez que la vi.
He tratado de ahogar lo que siento en alcohol, debajo de otras faldas y labios, tratando de borrar sus huellas que ha dejado sobre mí. Y todo intento que he hecho ha sido en vano.
Solo la siento más presente, más viva que nunca.
Y noches como estás me la recuerdan aún más, ya que como flor temblorosa, apretujaba más su cuerpo pequeño junto al mío buscando mi protección como si un rayo fuera atravesar el ventanal de nuestra recamara y cayera sobre ella o en ese haz de luz que ilumina un instante la oscuridad de la habitación viera reflejado a un ser maligno que viniera a hacernos daño.
Hay días que parece que escucho su voz e incluso puedo sentir su aroma flotar alrededor mío envolviéndome cálidamente. Pero aunque me duela como si me clavaran una daga en el corazón cada vez que me repito ella ya no está y eso no cambiará por más que mi alma lo clame.
Alguna vez en una plática que tuvimos que yo me molesté, cuando sacó ella el tema fue precisamente de que no le gustaría que me atara a su recuerdo, que tenía que recordar que la vida continuaba y no podía estancarme por lo que ya no podía ser y yo enojado le pregunté que por qué diablos estábamos hablando de ese tema y ella me dijo que en la mañana vio un accidente en la parada del bus y que había perdido la vida una chica al bajarse de la acera sin fijarse antes de hacerlo y quedó atrapada debajo de las llantas del autobús, lo que le había hecho pensar que la vida no la teníamos comprada y en cualquier momento podía sucedernos algo. Y solo para que cambiara de tema asentí sin darle gran importancia.
Y hoy meses después recuerdo esa charla a la que no le di importancia y me parece que debería cumplir mi palabra, esa que le di sin pensarlo siquiera. Debo despedirme de ella y tratar de continuar mi vida.
—Becca… Becca… —Sandra se acerca y toca el codo de su amiga para que reaccione—. Está por cerrar el cementerio y está oscureciendo… ¿desde que hora estas aquí?
—N…no puedo Sandy, simplemente no puedo vivir sin él… —se limpia las lágrimas con la manga de su sudadera mientras hipa tratando de aclarase la garganta—, lo necesito a mi lado y sin él yo no…
—Becca, cariño —la abraza para ayudarle a levantarse— han pasado casi dos meses desde que Jude tuvo ese accidente en la moto y…

viernes, 22 de julio de 2016
Tu Sonrisa by FelinDreams (One Shot)
Tu Sonrisa
By Felin
Había sido un fin de semana maravilloso, sé que ahora que tengo que regresar a la realidad deberé enfrentar a mi padre. No puedo decir que no me ama, tiene una forma extraña de demuéstramelo. Pudo haberme enviado a vivir con alguno de mis abuelos, ya que sé perfectamente que él me culpa a pesar de que yo no hubiera tenido la culpa en realidad, pero a veces cuando me observa de esa manera tan fija, torciendo ligeramente sus labios hacia la izquierda, baja unos escasos milímetros la ceja derecha que aparece junto a ese pequeño tic, ese temblor en el ojo, es porque está recordando ese día, cuando la perdió a ella y yo llegué a su vida.
Nunca me ha puesto una mano encima aunque ganas no le han faltado, pero cada vez que habla con ese tono ligeramente ronco, frió es como si me golpeara y la verdad es que así golpea mi alma, esa que llora en silencio y se desgarra cada día más.
Tal vez por eso he buscado esas caricias, eso amor en otros hombres, ese que me ha negado él toda mi vida. He recibido migajas solamente de ellos. Tampoco es que haya estado con tantos, pero a mis casi veintiún años es increíble que esté a punto de llegar a una cifra de dos dígitos. Mis amigas (que en realidad puedo contar con una mano y me sobran dedos), solo han tenido uno o máximo tres, y una de ellas sigue siendo virgen… yo desde muy pequeña di ese «regalo» hace como siete años, esperando sentirme amada y solo fui utilizada. No me he acostado con todos, tampoco soy una imbécil, aunque decir que he estado en la cama con la mitad de ellos no me enorgullece.
Ethan fue diferente desde el principio, él fue… es mi amigo, mi confidente, pero lo más probable es que cuando se enteré de toda la verdad, de esa que no me atrevo a hablar con nadie, él también me abandonará.
Cuando llegue ese momento me preocuparé, hoy, en este instante debería estar deleitándome con el majestuoso escenario que nos rodea que parece salido de un cuento de hadas, una pequeña escarcha adorna la copa de los arboles más altos al igual que las montañas que nos rodean. Los rastros del invierno se están desvaneciendo para darle ya cabida a esa primavera que parece tener urgencia por demostrar su belleza.
Estar durante tres largos días —aunque los sentí tan cortos— que no deseaba que se terminaran llegaron a su fin y después de pasar en esa casa de descanso de los padres de Ethan junto al lago, es doloroso tener que regresar a casa, y ver ese tic en el ojo de mi padre cada día o convivir con sus largos silencios mientras estamos sentados en la mesa o en cualquier lugar que coincidamos. De solo recordar me duele el pecho y me cueste trabajo respirar.
No hago ningún movimiento extraño, pero parece que Ethan ha notado algo en mí para que voltee a verme y deje de ver unos segundos el camino que tenemos adelante.
Le sonrío de regreso y no puedo apartar la vista de ese rostro de quijada marcada y esos hermosos hoyuelos que se le hacen en la mejilla. Un año ha sido suficiente para que me aprendiera de memoria cada línea de su rosto, cada musculo de su cuerpo, todas las diferentes miradas que me dedica… pero lo que más me gusta de él, es que cuando sonríe, me sonríe lo hace con todo su cuerpo e ilumina mi vida, mi ser.
—Si sigues observándome de esa manera, podemos tener un accidente —me dice al tiempo que pone esa sonrisa en sus labios y me hace un giño con su ojo.
—¿Y qué más da? —le respondo lo más seria que puedo—. Hace un año, exactamente un año tuve un accidente en esa curva, —le digo sin quitarle la vista de encima y cabeceo hacia el frente, al camino, donde hay una curva en la carretera— y mi corazón se detuvo, no podía respirar y…
Se pone lívido en un instante, disminuye un poco la velocidad y sin quitarle completamente la vista a la carretera me ve de reojo con cierto nerviosísimo.
—¿De qué estás hablando Eileen? —su voz tiembla ligeramente—. Me habías dicho que nunca habías venido a…
—Es cierto, nunca había venido aquí —sin poder aguantarme más la risa, trato de disimular todavía—. A la curva que me refiera es esa que me mostraste apenas hace unos segundos.
Suelta un suspiro, ya que parece estaba conteniendo la respiración e inmediatamente vuelve a poner esa curva que hace que mi corazón se detenga y deje de respirar.
—Puff, Leen —vuelve a sonreír—, eres increíble ¿lo sabes?
—Solo cuando estoy a tu lado, además, ¿cómo que te he asustado? ¿este viaje no fue para celebrar nuestro primer año de conocernos, de la primera vez que volteaste a verme y me sonreíste?
—Y de seis meses que me dijiste que me amabas… claro después de que yo te lo dije primero.
—¿Ahora te queda claro que hace exactamente un año, mi corazón dejó de latir y no podía respirar, por culpa de esa curva? —y sin más resistencia solté la carcajada.
—Entonces, también deberías tomar en cuenta que ese día hubo dos accidentes, solo que el mío fue en otra curva.
Eso hace que se me olvide a la que me voy a enfrentar en un par de horas en casa. Y de nuevo él se da cuenta de mi preocupación.
—Déjame hablar con tu padre y…
—Eso complicaría las cosas Eth.
—Confía en mí, no estás sola.
—Lo sé.
Pero también sé que si él se presenta en casa, las cosas se pondrían peor que nunca. Y más ahora que mi tía Lisseth está en casa de manera indefinida. Ese motivo fue el último empujón que necesitaba para decirle a Ethan que hiciéramos este viaje, durante semanas me trató de convencer y yo me negaba, pero ¿cómo seguir negándome cuando el infierno estaba punto de entrar en casa? sí de cualquier manera me hará la existencia imposible, que sea con provecho, digo yo.

domingo, 18 de octubre de 2015
Vestido de Novia by Felin - One Shot
Vestido de Novia
By Felin
Era una noche fría…
Una noche fría y lluviosa…
Una que me hacía recordar mi miseria…
Una que me hacía recordar que ella ya no está
conmigo.
Han pasado ya cinco años desde que me tuve que
despedir de ella y noches como esta me recuerdan aquella noche trágica que si
no hubiera sido por el maldito y odioso tráfico, quizá yo hubiera llegado a
tiempo y ella no me hubiera estado esperando casi una hora bajo aquella parada
del autobús resguardándose de la lluvia mientras llegaba por ella.
Maldita la hora que en la mañana cuando nos
despedimos le pedí que usara el anillo de compromiso que seis meses atrás le
había dado y ella por temor lo llevaba colgado siempre en una cadena fina de
oro blanco que colgaba de su cuello ocultando el pequeño diamante rosa que
tenía el anillo que había dado comienzo a los planes para nuestro futuro.
Muchos creyeron que se lo había entregado hace
tan solo un mes cuando lo hicimos oficial con una pequeña cena donde nos
acompañaron amigos y familiares cercanos y desde hace dos semanas no paraban de
preguntar si habíamos tomado esa decisión porque ella ya tenía dos meses de
embarazo. Dejamos que creyeran lo que ellos quisieran ya que por más que
dijéramos que no, jamás nos creerían. Para cuando les dimos la notica ya estaba
todo listo: vestido, banquete, iglesia, el juez. Yo fui siempre de la idea de
que no era hombre para el matrimonio pero cuando la conocí hace casi nueve años
supe que estaba equivocado. Me llevó mi tiempo convencerla que se fijara en mí
y después de casi dos años juntos vivimos juntos, lo que nos llevaba a dar el
siguiente paso. Ella hubiera preferido un picnic romántico o algo así aquel
día, era tan sencilla que jamás me exigió nada. Y yo con ganas de gritarle al
mundo mi felicidad eché la casa por la ventana y hasta mimos, juegos
pirotécnicos y un cuarteto de cuerdas, a pesar de todo el show, fue un momento
romántico e ideal.
Faltaban solo diez días para el gran día y por
eso le pedí que usar el anillo que por temor ella no quería usarlo. Yo insistí
y esa misma mañana se lo volví colocar
en su dedo.
Un asalto. O es lo que me dijeron
Una agresión que se llevó cruelmente su vida y
la de mi bebé.
Su cuerpo ultrajado fue encontrado doce horas
después llenas de una agonía donde me culpaba de lo sucedido.
Cinco años que no he podido dormir, comer, ni
hacer nada… solo deambular como zombie
haciendo las cosas mecánicamente y mi único consuelo era llegar a nuestro
apartamento que ella había decorado, donde aún estaba su esencia y me negaba a
cambiar aunque fuera un alfiler.
Noches como estás me ahogo en el alcohol hasta
que pierdo la conciencia. Y soy despertado en la madrugada con el susurro de su
dulce voz:
—Amor, tengo frio… —desliza un pequeño beso en
mi mejilla— hazme un hueco en tu cama.
Este dialogo fue constante las últimas semanas
que estuvimos juntos, ya que habíamos decidido que hasta que no estuviéramos
casados, seriamos solo compañeros de piso, ya que llegado ese día estrenaríamos
aquella casa que le había comprado y que hoy está abandonada, ella era la que
me había pedido esta “separación” para poder iniciar con el pie derecho nuestra
vida de casados. Pero ella siempre se escabullía en mitad de la noche a mi
habitación para que durmiéramos abrazados.
Desde hace cinco años, esto sucede con
frecuencia, yo me despierto a la mañana siguiente frío de pies a cabeza
abrazando su vestido de novia. Con la mente nublada me levantaba a darme una
ducha y me marchaba al trabajo. Mi nana era la que se encargaba del cuidado de
la casa, de mantenerla limpia y con la despensa llena. Era a la única que no
había podido alejar de mi miserable vida.
Está noche se escabulló en mi cama, no llevaba
su pijama habitual, llevaba su vestido de novia puesto, era hermosa, se veía
hermosa.
—He esperado tanto para usar este vestido para
ti —me dijo mientras yo la abrazaba.

miércoles, 2 de septiembre de 2015
Debilidad: Desvaríos de una Bruja Enamorada by Felin (one shot)
Debilidad:
Desvaríos de una Bruja Enamorada
By Felin
Anoche soñé contigo. Soñé que me amabas. Soñé
que yo era suficiente. Soñé que…
Pero al despertarme hoy, me di cuenta que solo
fue un sueño. Y ahora que lo pienso, quizá fue un muy mal sueño.
¿Quién en su sano juicio desearía estar con un
gilipollas como tú?
Es cierto, tienes un cuerpo que wow, si con la
tela encima te ves tan apetecible, sencillamente se me hace agua la boca de
imaginar tu piel dorada en toda su plenitud, sin ninguna barrera que se
interponga en mi camino y bloquee mi mirada al tiempo que con mi mano recorro
cada centímetro de tu piel mientras intento grabar en mi memoria cada
sensación, cada choque eléctrico, cada sentimiento que despiertas en mi como un
tatuaje permanente que me acompañará hasta el final de días. Y hacer el mismo
camino con mis labios —como muchas veces lo he hecho y siempre es como la
primera vez—, y detenerme en ciertos puntos sensibles y succionar y chupar
fuertemente hasta que me pidas que no me detenga, que grites mi nombre entre
jadeos porque tu corazón late a mil…
Pero, ¿qué demonios estoy diciendo?
Y tú, eres un perfecto imbécil que no tienes
corazón. Me lo has demostrado más de una ocasión y no te mereces que tenga
aunque sea un insignificante pensamiento, lujurioso, apasionado donde entras en
mí mientras yo…
«¡Basta!», me recrimino a mí misma por mi
debilidad.
Me has hecho demasiado daño y lo único que yo
debería pensar es pagarte con la misma moneda, tratarte y hasta humillarte como
tú lo has hecho conmigo tantas veces que he perdido ya la cuenta.
Pero, con un único pensamiento hacia ti, mi
cuerpo y las malditas hormonas —que hoy deben estar más locas que de costumbre—
me hacen cambiar de parecer y lo único que puedo hacer es imaginarte: arriba,
debajo, por atrás, hincado, sentado… y yo a tu lado. Para que mentirme a mí
misma si a tu lado me has hecho la mujer más feliz del mundo… ojo, en ningún
momento he dicho amada, satisfecha sexualmente sería más la palabra adecuada
para definir nuestra relación si es que existe alguna, porque el que tengamos
relaciones no es lo mismo decir que estamos en una relación.
Debí haberte hecho caso cuando la primera vez
me dijiste que no me involucrara contigo que me lastimarías más de lo que
cualquiera lo hubiera hecho, pero mi arrogancia no me dejó irme cuando podía.
Con el pensamiento estúpido de: «yo
controlo mis sentimientos y decido a quién, cómo y cuándo entregarlos», y entonces caí redondita en mi
propia trampa y hoy estoy estúpidamente enamorada del idiota más grande del
mundo que ve en mí solo una especie de muñeca, juguete lleno de celulitis y
grasa con la cual follar cuando te plazca y que en público ni siquiera me das
un saludo porque te da pena que te relacionen conmigo…
—¡Pero que idiota más cabrón! —Grito sin
recordar donde me encuentro en este momento.
—Señorita Betancourt —me dice mientras se
acomoda sus anteojos mientras me dirige una mirada que si fueran cuchillas mi
madre en estos momentos no me podría reconocer— parece que tiene un punto bien
definido sobre el tema… —«maldita mierda» estoy en clase de sociología— pero,
¿Qué le parece si explaya su punto de vista sobre Durkheim a toda la clase?
Me quiero morir…
No sé en qué momento perdí la noción de
tiempo-espacio y lo único que he hecho la última hora es ver el perfil más
perfecto y…
—Lamento mí… —digo tartamudeando ante mi
torpeza y me descuido.
Siento vibrar mi celular en mi bolsillo,
agradeciendo haber recordado quitar el sonido. Una vez que el profesor Álvarez
da media vuelta y continua la clase, lo saco y para mi sorpresa hay un mensaje
de él.
«Cuando tartamudeas, te ves sexy y me recuerda
cuando estás debajo de mí, ¿hoy a la 5 en mi depa?»
Sonrió de anticipación y con dedos temblorosos
le escribo:
«A las 6, si estás de acuerdo, salgo a las
5.30».
Lo volteo a ver y me sonríe mientras con un
movimiento de cabeza me confirma el cambio de horario.
Mentira que salgo a esa hora, pero tengo que
depilarme, quizá ir a comprar un conjunto nuevo y…
Muchas veces me he repetido, no lo vuelvo a
hacer.
¿A quién pretendo engañar?
Abrir los ojos y pensar: ¿Otra vez no? En
verdad no es la mejor manera de iniciar un nuevo día. Así que debo rebobinar el
cassette y verlo desde otro punto de vista.
Trabajar en el inframundo y elegir el castigo
por el cual las almas en pena que han caído cada día será su tarea de hoy en
adelante hasta la eternidad, no es el mejor trabajo del mundo.
Yo imaginaba que un trabajo así sería
excitante.
Realmente estaba equivocada.
Durante casi veinte años yo estuve sentada
detrás de un escritorio juzgando, castigando, aprovechándome, burlándome,
analizando de manera arbitraria a cuanto estudiante a mi acudía por un consejo,
por una orientación sobre sus problemas personales o de estudio. Le vi la cara
a sus padres que mientras me hablaban buscando un apoyo yo en mi interior
repasaba las compras que tendría que hacer, tarareaba alguna canción en mi
mente o planificaba el resto de mi semana. Siempre con una enorme sonrisa en
mis labios mientras asentía.
Durante estos veinte años como consejera y
psicóloga en el instituto hicieron mi vida vacía mientras se iba de mis manos
detrás de ese insulso escritorio. Mi vida era tan aburrida, estaba sola y en
algún momento creí que encontraría que hacer, algo que me llenara que me
hiciera sentir viva, que me indicara que estaba en el camino correcto. Lo que
se supone que yo debería hacer por ellos.
Jamás creí que aquella chiquilla fuera capaz
de hacer eso. No creí que estuviera tan mal, que en verdad necesitara ayuda. Ni
siquiera pude levantarme de mi asiento, cuando ella entró con una escopeta en
la mano y su rostro manchado por las lágrimas que había derramado al matar a
cuarenta personas, entre profesores, compañeros que siempre se burlaron de ella
y compañeros que la ignoraron.
Yo fui la victima cuarenta y uno.
Ella la cuarenta y dos.
Yo no tuve juicio y simplemente mi alma llegó
y se instaló detrás de un escritorio.
Ya no tenía que velar por el bienestar de las
personas, algo que en realidad nunca hice. Mi trabajo aquí en el infierno es
elegir la manera de hacerles más miserable su eternidad a las almas en pena que
no podrá trascender jamás.
Este trabajo en vida lo realicé por veinte
años y era miserable… hoy lo haré por miles de años y ni siquiera podré soñar
en cambiar de empleo. Será consejera por el resto de existencia, escuchando
lamentarse a los demás, mientras yo en mi interior me lamentaré por la vida que
llevé y no aproveché.

jueves, 11 de junio de 2015
¡Es Ella! by Felin
¡Es Ella!
por Felin
—No sé cómo es que dejé que me convenciera mi
hermano que lo cubriera el día de hoy —me recriminó a mí mismo al tiempo que golpeo
el volante ante la desesperación de tener casi una hora atrapado en el tráfico
y no hemos avanzado más que un par de metros en este tiempo.
La resaca corre por mi cuerpo sin compasión
haciendo que a cada segundo me arrepienta de haber salido de la cama y peor aún
de venir a trabajar el taxi de mi hermano. Como cada viernes desde hace unos
meses acudo a un bar y bebo unas copas mientras espero.
Pero su casi suplica de que tenía que sacar el
dinero para pagar el seguro, la mensualidad y algo de la universidad es que no
tuve más remedio que acceder. Nunca ha permitido que mis padres corran con sus
gastos desde que pudo valerse por él mismo y recuerdo que a los once años iba
al supermercado a ganarse unos cuantos dólares ayudando a empacar los víveres de
los clientes por horas mientras yo a esa edad me la pasaba jugando con los
amigos o estudiando. Tampoco es que sea un desobligado bueno para nada, pero ya
que mis padres me dieron —y a Alessandro también aunque lo rechace— el apoyo
económico para poder terminar los estudios sin necesidad de trabajar, hoy como
buen hermano mayor, no me queda otra que apoyarlo yo. No acepta mi dinero, pero
si unas horas de trabajo.
Me chantajeó con «amas conducir y no tienes
nada mejor que hacer», y puso esa mirada de cachorro perdido que conteniendo
una carcajada le pedí las llaves y heme aquí, atrapado en el trafico un sábado
por la tarde.
Durante las cuatro horas que llevo sentado
aquí he escuchado la música de mi teléfono, pero como estoy a punto de empezar
a repetir el repertorio que tengo lo apago y enciendo la radio buscando alguna
estación de música en inglés, que es la que normalmente escucho, mientras
recorro las frecuencias alcanzó a reconocer la voz de Enrique Iglesias, y no
puedo evitarlo, sonrió al recordar esos cálidos, sexys y carnosos labios que me
besaron en aquel bar al que me arrastró mi hermano por su cumpleaños hace ya
casi tres meses.
Me tomó desprevenido, me había acercado a la
barra para pedir la siguiente ronda, cuando de repente sentí que alguien me
saludaba en mi oído en un susurro que hizo correr una serie de chispas
eléctricas por todo mi cuerpo y tan solo me di media vuelta para ver la dueña
de esa voz que había provocado en mí una cadena de reacciones inesperadas
cuando se acercó a mí y me robó el aliento con un beso lento, largo, profundo
donde pude saborearla sin detenerme a pensar en lo que estaba haciendo, y un
segundo me atreví a abrir los ojos para ver que ella a pesar de tener cerrados
sus ojos, sé que estaba sonriendo y disfrutándolo. No sé el tiempo que pasó,
aunque me fue insuficiente, cuando se separó de mi yo lo único que deseaba era atraerla
hacia mí y continuar con lo que ella había empezado.
—Por hoy es suficiente —me dijo con una amplia
sonrisa en sus labios y pude ver sus ojos negros profundos que sonreían también
viéndome fijamente—. La siguiente vez tú puedes dar el primer paso.
Y sin más se alejó de mí riendo hacia sus
amigas.
En ese momento comprendí que había sido una
apuesta o juego que tenía con las otras chicas. Pero en mis labios, en mi mente
se había grabado cada rasgo de su rostro, su olor y su sabor. Sabía que sería
casi una misión imposible volver a verla en alguna otra ocasión. Y siempre que
escuchaba a Enrique Iglesias cantar me la recordaba, ya que cuando sus labios
se unieron a los míos estaba una canción de él en el fondo. Y esta ocasión no
había sido la diferencia, regresé mi camino hasta que encontré la estación
donde estaba sonando Héroe de Enrique Iglesias y sin poder evitarlo cierro los
ojos mientras toco ligeramente mis labios. Ya sé que si alguien me viera
haciendo esto me verían con ojos de «que gay eres», pero no puedo evitarlo.
Tengo así tres meses. Y estando solo en el tráfico, a menos que mi vecino de
carril me esté observando durante los treinta segundos que hago esto, nadie
tiene que saberlo.
Después de la que pareció una eternidad y
dispuesto a hacerle trampa a mi hermano y darle dinero de mi bolsillo diciendo
que fue lo que saque después de horas trabajando su taxi, una vez que salí del
embotellamiento comienzo a tomar camino a casa, no sé si ya esté Alex o aun no,
pero no me molesta darle dinero para ayudarle un poco. ¿No dicen que ojos que
no ven corazón que no siente?
Una pareja me hace la parada, solo espero que
no me alejen de mi destino, y decido detenerme y llevarlos.
El chico se desvive por la chica, con sus
comentarios y por la forma en que la trata. Me llama la atención que ella solo
mueva la cabeza o contesta con susurros pocos audibles con monosílabos y vea la
calle en lugar de su acompañante. Parece aburrida. No es que yo me sienta Brad
Pitt pero me parece que su amabilidad excesiva es para compensar un poco su… mierda me hace daño tener tantas
hermanas en casa que lo de «gay» —sin ofender— me hace parecer chica haciendo
estas observaciones. Los hombres somos, hombres, no somos ni guapos ni feos,
somos masculinos. Así de sencillo.
—Jules —dice ella con desgano— me duele la
cabeza, ¿podemos dejarlo para otro día?
—Entonces, ¿te llevo a tu casa? —Dice en voz
de derrota—. Lamento que mi auto se descompusiera, sé que esto afectó lo que…
—Ya habrá más oportunidades —dice la chica con
poco animo sin siquiera voltear a verlo.
—¿E-En serio? —Él le pregunta con una nota de
alegría en su voz.
—Nos puedes dejar en el siguiente semáforo,
por favor —habla dirigiéndose hacia a mí y la observo por el espejo retrovisor.
Mi corazón se detiene al ver esos ojos negros que me están observando también.
Es ella.
La que no he dejado de soñar por tres meses.
—Creí que… —se escucha un temblor en la voz de
él— que querías ir a casa para descansar y…
—Tengo que hacer unas compras. Ya no estoy tan
lejos de mi casa —hace hincapié en «mi»— y tu podrás ir al taller a ver lo de
tu auto.
—¿Estás segura? Porque podría… —y al no tener
contestación de ella después de una pausa, continua— podría acompañarte a hacer
lo que tengas que hacer y después llevarte a…
Detengo el auto y ella se dirige de nuevo a mí
sin mirarme esta ocasión.
—¿Cuánto te debemos?
Esa era la señal que se alejaría y no solo de
mí, él también se ve preocupado como yo.
Se bajan los dos y a mí no me queda otra que
volver a arrancar. Pero no me pienso rendir tan fácil, así que me estaciono
unos metros adelante viéndolos por el espejo retrovisor para saber en qué
momento puedo entrar en acción.
Ella se ve incomoda a la distancia y cuando él
se acerca a darle un beso en los labios ella se voltea en el último segundo
esquivándolo, después se dan la mano y ella comienza a caminar alejándose de
él. Él da unos pasos detrás de ella y después desiste.
Ella da vuelta en la esquina y tardo en
reaccionar, salgo lo más deprisa que puedo y cuando llegó al punto donde dejé
de verla me maldigo porque no la puedo encontrar. Recorro unos metros de la
calle buscando por ambos lados si está ahí. No sé si ha entrado a alguno de los
negocios o algún edificio, buscarla así es casi una pérdida de tiempo. No pasó
tanto tiempo como para perderla de nuevo, es como si se me escondiera a
propósito, pero dudo que me haya reconocido. Regreso derrotado al auto
decidiendo que hacer si dar vueltas por la zona para ver si la veo de nuevo o
marcharme creyendo que había sido un espejismo lo que había visto.
No puedo creer lo imbécil que fui. Debí
saludarla. Debí decirle algo. No debí alejarme de donde se bajaron. Debí de…
puede hacer muchas cosas y no hice nada.
No puedo creerlo.
Esto simplemente es imposible.
Ella…
Abro la puerta del taxi y está ahí sentada en
el asiento del pasajero.
—Creí que quedamos que la siguiente vez te
tocaba dar el primer paso a ti. —Me dice sonriendo al tiempo que voltea a
verme—. Pero al ver que no lo hacías, tuve que hacerlo yo de nuevo.
—Pero, si t-tu —no tengo palabras, me ha
sorprendido. No sé en qué momento ella llegó aquí sin que la viera.
—Mientras corrías supongo que detrás de mí, ni
siquiera te diste cuenta que pasaste a mi lado. Y por lo mismo me imagino que
no te preocupo ponerle seguro al taxi. ¿Acaso no sabes que alguien te lo podría
robar? —sigo absorto en su mirada y no se me ocurre que contestarle— Créeme si
supiera encenderlo sin llaves y claro, si tuviera la necesidad podría
habérmelo…
Como lo hizo ella hace tres meses, le robé el
aliento pero con un beso hambriento, desesperado y húmedo. Tengo que
reconocerlo, no ha sido el mejor beso que he robado, pero sin duda es el que
más he disfrutado. Un par de minutos después sigo sin creer que esto está
sucediendo.
—Creí que…
—No creas que me la paso besando a todo mundo
—sonríe— me parece que todavía estoy como para elegir. Esa noche tuve que
provocar a mis amigas para que creyeran que ellas habían decidido y me habían
retado.
—¿Y tú chico?
—Una cita a ciegas —se sacude con un escalofrío—
no preguntes, una tarde de aburrición que terminó con la peor cita de mi vida
y… —me toma de la mano para salir del taxi y ponerse frente a mí— ya era tarde
para echarme para atrás pero fue una bendición que el motor muriera y cuando te
vi, no podía creerlo.
—¿Una tarde aburrida? —Y yo estoy aquí como un
imbécil, haciendo preguntas idiotas.
—Los chats te entretienen y cuando te das
cuenta ya has dicho sí. —No puedo dejar de verla— No me veas con esa cara.
Desde hace tres meses que rechazo las citas normales y salgo con… «especímenes»
en vías de extinción para autocastigarme por irme lejos del chico al que le
robé el mejor beso que me han dado en mi vida y tiene los ojos más…
No dejo que termine.
No estoy dispuesto a perder el tiempo otra
vez.
Y le doy el beso más largo, lento y profundo que
mis nervios y desesperación me permiten, sellando nuestros labios juntos,
haciendo honor a ese primer beso. Mientras la tomo de la cintura y la acerco a
mí el beso se va haciendo más rudo, y fuerte. En mi cabeza no deja de dar
vueltas sus palabras de que estos tres meses ella no ha dejado de pensar en mí.
Probablemente sea precipitado. Pero creo que
es hora de que le pida a la abuela ese anillo que me ha ofrecido durante años.
He encontrado a la dueña perfecta para que lo
porte en su mano.

sábado, 3 de enero de 2015
Amor Eterno by Felin (One Shot)
Amor Eterno
by Felin
Desde que recuerdo
siempre fui un poco Grinch y las fiestas de fin de año solo las celebré porque
en casa lo hacían, si decoraba el árbol era por mamá que le entusiasmaba poner
la casa algo así como un bazar navideño y sé que para ella era importante,
desde el primer día del mes sacaba cajas y cajas del desván y pasaba días
armando el menú, todo esto la hacía teniendo como música de fondo villancicos.
A la edad de doce años
lo intenté por primera vez, solo fueron me hice algunos rasguños en la piel y
me provoque una gastritis fuerte y una alergia. En casa no entendía porque la había
hecho, porque lo había intentado… y lo único que se les ocurrió fue ignorar el
tema y hacer al año siguiente como si nada hubiera pasado, mis tres hermanos
más pequeños me preguntaron porque lo había hecho. Dios eran unos niños y
estaban más preocupados que mis padres.
Pasaron tres navidades
antes que lo volviera intentar, lo único que conseguí esa vez, fue que en lugar
de que abrieran los regalos en casa en pijama, lo hicieron en el hospital,
junto a mi cama. Mis padres pidieron permiso y el almuerzo de Navidad lo
hicimos ahí, en ese frio hospital, celebrando y abriendo los regalos. Cuando nos
quedamos solas, mi madre me preguntó porque lo había hecho, no supe que
decirle, simplemente que me sentía triste.
Lo curioso es que
durante el año era “normal” pero empezaba diciembre y todo cambiaba. Yo cambiaba.
Así continuaron los
años. En casa celebrando a lo grande esas fechas, mientras yo me tragaba mis lágrimas
en silencio.
Estando ya en la
universidad, mi mejor amiga me convenció que fuéramos a ver una bruja para que
nos leyera la suerte. Y una vez que salí de ahí fue peor, y aunque la razón me
gritara que eran puras tonterías, algo dentro de mí me decía que algo había de
cierto en sus palabras.
Me dijo que yo era un
alma vieja que llevaba casi mil años viviendo una y otra vez buscando mi otra
mitad, esa que me fue arrancada salvajemente cuando me marcaron diciendo que
era una bruja y mi ejecución la hicieron una mañana del veinticinco de
diciembre. Y él consumido de dolor y odio había hecho un pacto con el diablo. Que
durante todos estos años él ha vagado en el mundo vengando mi muerte y tratando
de encontrarme, y cuando estaba a punto de hacerlo mi vida terminaba
inesperadamente siempre un veinticinco de diciembre. Según por eso mi alma se
pone melancólica al reconocer la época y ya caí en depresión.
Mi amiga salió riendo
de ese lugar diciendo que habíamos perdido el tiempo. Pasaron meses antes de
que empezara a tener sueños extraños. Donde era yo la protagonista, aunque no
me reconocía, él era siempre el mismo… siempre en lugares extraños y siempre terminábamos
separados.
De ahí fue que en
todos los chicos le ponía ese bello rostro que me acompañaba y perseguía en mis
sueños, incluso con los ojos cerrados lo reconocería.
El diciembre que
cumplía veintiocho años, la maldición llegó a mí… estábamos a tan solo unos
días de Navidad y saliendo del trabajo, yendo de camino a casa de mis padres
para cenar con ellos como cada miércoles, mi automóvil estaba en el taller, y
el transporte público se descompuso a tan solo a unas calles de mi destino, por
lo cual inocentemente no creí que pasara nada malo, tan solo había avanzado un
par de calles cuando sentí que algo o alguien me seguía, nunca distinguí nada cuando
miraba sobre mi hombro. Pero ahora estoy segura que “eso” de alguna manera hizo
que entrara a ese bar sucio y maloliente, ya que de otra manera no lo hubiera
hecho.
Me senté en una mesa
escondida entre las sombras y pedí una cerveza, no tardo mucho antes de que se
sentara a mi lado, me sonrió y con un acento extraño me dijo, o eso entendí: “Ha
pasado tanto tiempo y es tu hora”. Después no recuerdo mucho, solo sentí su
aliento gélido en mi cuello antes de que todo se pusiera negro.
En realidad no sé cuánto
tiempo pasó antes de que recuperara la conciencia en un hotelucho, cansada,
maltrecha, harapienta y hambrienta.
Salí dando tropiezos
de motel, no estaba muy segura de donde estaba, ni la hora ni el día en que estábamos,
lo único que deseaba era llegar a casa. No tenía mi bolso, por lo cual ni dinero ni me celular… caminé entre las
calles hasta que reconociera algo y saber qué hacer, qué camino tomar.
Era Nochebuena, lo que
significaba que he estado fuera por una semana, por la oscuridad del cielo supongo
que ya está la noche muy avanzada. Mi familia estará preocupada por mí. En mi
camino no encuentro a nadie, las calles están vacías, por lo que imagino que estarán
sentados en la mesa celebrando y cenando y por primera vez deseo estar en
Navidad en casa celebrando.
Después de lo que fue
una eternidad llegue a la calle donde viven mis padres, me llamó la atención que
frente al pórtico había un chico viendo el interior de la casa con curiosidad
desde la ventana. Me acercó con a él decidida, suficiente hemos sufrido estos
días como para que nos quieran asaltar o algo así. Estoy a unos pasos de él y
su aroma me llena, no puedo evitarlo y me abalanzo contra él sin darle tiempo a
reaccionar, su dulce néctar me llena avivando cada uno de mis sentidos, es
exquisito el sentimiento, la sensación de beber de él, todo lo hice por instinto
y cuando me di cuenta, su cuerpo lánguido se resbala de mis manos.
Me espanto de mi
misma, y con cuidado lo deposito en el suelo, cuando le veo el rostro, el
horror crece en mí. Esto no me puede estar pasando, es él… el que está en mis
sueños…
*****
Después de lo sucedido
no pude entrar a casa, dejé que con el tiempo me dieran por muerta, temía
hacerle daño a mi familia.
Han pasado demasiados
años, que ya he perdido la cuenta, al igual que de los asesinatos que he
cometido.
Buscando información y
no sé si es la correcta o no: lo único que me puede destruir es alguien como yo.
Y mientras sobrevivo con el dolor de haber perdido a mí otra mitad, el cual
supongo que era como yo, al cual destruí con el regalo que me hicieron, y que ahora
es mi maldición.
Hace ya muchas
navidades que mi familia, a la que conocía se ha marchado, nunca más me acerque
a ellos de nuevo, solo los acompañé en sus despedidas.
Mayormente mi tiempo
lo ocupo buscando a alguien que me destruya y mientras esto sucede en cada
rostro, en cada alma con la que me cruzo trato de encontrarlo a él, de
reconocerlo… para intentar tener esa segunda oportunidad. Aun no pierdo la
esperanza que él haya reencarnado. El me buscó por demasiado tiempo y yo haré
lo mismo.
No sé qué ocurra
primero, que lo encuentre a él o que alguien me destruya. Lo único que sé es
que Navidad sigue siendo la fecha más triste para mí.

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