lunes, 17 de agosto de 2020

(One Shot) Milagro Inesperado by Evelyn Cuellar (CyElyn / Felin)



Milagro Inesperado


by Evelyn Cuellar




«Y milagrosamente sobreviví».


Ese fue el primer pensamiento que tuvo Alana el 1 de enero que despertó aun en casa de sus padres, después de estar por 8 largos, eternos días viviendo —sobreviviendo en realidad— a toda su familia que había decidido que pasaran sus vacaciones decembrinas ahí.


Hoy al mediodía salía el vuelo de regreso a su casa, a su vida, a su espacio, a su soledad… a su libertad y pasarán más de 3 largos, muy largos meses antes que tuviera que soportar otra reunión como estás.


No es que no los quiera - aunque si le dieran a escoger ella viviría a unos 30 mil kilómetros de distancia por lo menos, lo que significaría que nadie invadiría su tiempo, sus vacaciones serían a su gusto y ella podría ir a visitarlos cuando en verdad lo considerara pertinente y no por sentimentalismos que sus padres o hermanos usan en ella para coaccionar sus decisiones. Tan fácil como hacer videollamadas y asunto concluido. Pero no, ella durante 8 largos e interminables días debe estar entre llantos, pañales, chistes malos, platicas médicas sobre alguno de sus familiares, recetas y sabrá Dios cuantas cosas más que no le interesan y donde su única participación son monosílabos como respuesta o asentamientos de cabeza mientras ella tiene la cabeza lejos de ahí por salud mental.


—Pero… —su madre le dice cuando entra en la habitación, la que Alana tuvo cuando vivía con ellos y que a pesar de tener más de 12 años de haberse independizado, las sabanas y demás adornos siguen siendo los mismo, por supuesto, todo con una súper-ultra cuidadosamente limpieza que le hace sospechar que su madre limpia esa habitación cada día— no entiendo cuál es la prisa para que te marches Alinita…


—Alana, madre —sigue detestando ese diminutivo que usa para llamarla—, te lo expliqué el día que llegué, por el trabajo no me puedo quedar más días y…


—Yo pensé que te quedarías hasta Reyes, que dejarías debajo del árbol tu zapato y esperarías ansiosa que…


—Ya no soy una niña, ma… —al ver el ojo Remi de su madre amenazando por correr la primera lagrima por su rostro, endulza un poco el tono de voz— …má, yo sé que no paso todo el tiempo que quisieras con ustedes, pero el trabajo, no me puedo quedar más tiempo… además, si recuerdas Felin y tus 5 nietos están en casa solos, y no se me hace justo pedirle a Mariana que los cuide por más tiempo… además que los extraño mucho y ella también debe regresar a su casa.


—Pero, ¿y la rosca? —se sienta en la cama interponiéndose entre su hija y la maleta— sé cuánto te gusta la que yo preparo.


—Será para el próximo año —se siente mal por darle un pretexto tan falso porque sabe que le está mintiendo, esto se lo ha dicho los últimos 5 años—, este año no puedo.


—Un día más, eso es lo único que te pido.


—¿Cómo?


—Mañana puedes regresar a casa. Rompiendo la tradición, prepararé la rosca y la cortamos el día de hoy en la noche, con la condición de que antes que te duermas dejes tu zapato en el árbol y una vez que veas lo que hay para ti, te podremos llevar al aeropuerto.


—¿Así de fácil les romperás la ilusión a tu nietos?


—Les diremos que los Reyes Magos han hecho una excepción por ti que te tienes que marchar y haremos todo para ellos el verdadero día.


Salió de la habitación con una sonrisa triunfante en los labios y al tiempo que Alana llamaba a la aerolínea para cambiar su vuelo.  Y como quedó con su madre, esa noche cenaron rosca mientras les daban mil explicaciones a los niños y por supuesto no les contaron nada del zapato para evitar una revolución.


«Solo son 24 hrs»


Al día siguiente, ya con la maleta echa bajaría a desayunar, recogería su presente y saldría corriendo al aeropuerto y regresaría a su vida. Jamás imaginó que su madre sin siquiera tocar la puerta entraría con una gran sonrisa al tempo que decía:


—Es un milagro. —Y abrió las cortinas de la habitación.


Alana no podía creer lo que estaba viendo. La CDMX está blanca… ¿Alguna vez la ciudad había tenido una tormenta de nieve que ni siquiera se podía ver la casa al otro lado de la calle?


Y como lo esperaba, esta tormenta al tomar una ciudad desprevenida ya que jamás había tenido algo parecido, las carreteras y el aeropuerto estuvieron cerrados por días, (motivo por el cual partió una segunda Rosca de Reyes), y debajo del árbol el día 6 de enero junto con su zapato de tacón, encontró: una pijama de gatos, una caja de chocolates y un borreguito de felpa… todos estos regalos le recordaban aquel año, el último en que creyó en la magia de los Reyes Magos y descubrió la verdad. Tenía 11 años y lo que les pidió de regalo en aquel entonces no se lo cumplieron y esta vez tampoco, aunque esta vez no escribió una carta, ni pidió eso, pero sonrió ante aquel recuerdo inocente.


El clima había mejorado notablemente y ahora era libre. Aparte de que extrañaba a sus bebés, han pasado demasiados días lejos de ellos y Mariana ha sido un sol al estarlos cuidando todos estos días, pero era momento de regresar a casa, a su vida.


En el momento en que puso un pie en el aeropuerto de Cancún, ella sintió que podía respirar sin esa carga que había sentido los días pasados, y mientras caminaba hacia el sitio de taxis, tropezaron con ella haciéndola caer de rodillas. Cuando estaba a punto de gritar todo el repertorio que tenía de groserías, el chico con ojos grises más bellos que hubiera visto en su vida, le estaba pidiendo perdón en italiano repetitivamente mientras le ayudaba a ponerse de pie y encarecidamente le suplicaba que aceptara ir a tomar un café.


Tal vez este año, Los Reyes Magos si le trajeron el regalo que pidió hace muchos años. Todo puede empezar por un café o ¿no?




¿Fin?












Que les pareció???


Otro navideño, pero quería compartirlo por aquí!!


Siempre lo he dicho, no soy escritora y tengo muchos fallos, este solo es un pasatiempo que tengo para contar algunas historias que a veces se me ocurren, así que no esperen historias hechas por un profesional, pero si con escritas con mucho amor.


Gracias por leerme!




Besitos!!!








lunes, 27 de julio de 2020

(One Shot) El Visitante by Evelyn Cuellar (CyElyn / Felin)


Visitante

Evelyn Cuellar



Leevan desde pequeña fue una niña demasiado consentida, caprichosa y voluntariosa. Sus padres siempre se desvivieron a cumplir cada deseo de ella —incluso aquellos que aún no tenían voz. El haber

lunes, 13 de julio de 2020

(One Shot) Amores Que Matan by Evelyn Cuellar (CyElyn / Felin)



Amores que Matan


Hola!


Y bueno, como saben, el día de hoy no vengo con una reseña, sino con una de las secciones de todos los viernes, este día toca -como cada segundo viernes del mes- a partir de este mes una sección que aunque no es nueva ya que cambió de día, merecía cambiar de nombre y ahora se llama: Cuéntame un Cuento, antes era el Cuenta Cuentos. Que al final solo para que no queden dudas es un pequeño relato que he escrito. Y ya que es el mes del amor y la amistad, pues les quiero contar la historia de un amor de esos que roban el aliento.

lunes, 6 de julio de 2020

(One Shot) Hija Única by Felin



Hija Única


Felin



Amalia era una chica muy solitaria, su salud era el motivo. Incluso desde antes que naciera, ya que fue precóz y pasó casi dos meses en la incubadora. Cuando por fin fue dada de alta, sus padres tenían temor de lastimarla o contagiarle un simple resfrío, por lo que tomaron la decisión de armar casi un fuerte

viernes, 3 de julio de 2020

(One shot) Buscando Un Corazón by Felin


Buscando Un Corazón


Felin



Cómo cada inicio de año, todo el mundo está estrenando algo, ya sea insignificante como ropa o algún juguete o algo más extravagante como una casa, un auto, quizá un móvil de última generación.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Celebración (one shot) by Felin

Celebración

by Felin


—¡Andrea! —grita mi madre en cuanto entra a mi habitación y me ve con la mascarilla de aguacate que me he puesto en el rostro—. Pero niña, te dije que me ayudarás y lo único que hiciste fue entrar a la cocina a robarme mis ingredientes y venirte a encerrar a tu recamara como vil oso invernando. Si no quieres ayudarme en la cocina, bien podrías poner la mesa o los adornos…


sábado, 27 de agosto de 2016

Por Ella by Felin



 Por Ella



No sé cuánto tempo ha pasado desde la última vez que la vi.

He tratado de ahogar lo que siento en alcohol, debajo de otras faldas y labios, tratando de borrar sus huellas que ha dejado sobre mí. Y todo intento que he hecho ha sido en vano.

Solo la siento más presente, más viva que nunca.

Y noches como estás me la recuerdan aún más, ya que como flor temblorosa, apretujaba más su cuerpo pequeño junto al mío buscando mi protección como si un rayo fuera atravesar el ventanal de nuestra recamara y cayera sobre ella o en ese haz de luz que ilumina un instante la oscuridad de la habitación viera reflejado a un ser maligno que viniera a hacernos daño.

Hay días que parece que escucho su voz e incluso puedo sentir su aroma flotar alrededor mío envolviéndome cálidamente. Pero aunque me duela como si me clavaran una daga en el corazón cada vez que me repito ella ya no está y eso no cambiará  por más que mi alma lo clame.

Alguna vez en una  plática que tuvimos que yo me molesté, cuando sacó ella el tema fue precisamente de que no le gustaría que me atara a su recuerdo, que tenía que recordar que la vida continuaba y no podía estancarme por lo que ya no podía ser y yo enojado le pregunté que por qué diablos estábamos hablando de ese tema y ella me dijo que en la mañana vio un accidente en la parada del bus y que había perdido la vida una chica al bajarse de la acera sin fijarse antes de hacerlo y quedó atrapada debajo de las llantas del autobús, lo que le había hecho pensar que la vida no la teníamos comprada y en cualquier momento podía sucedernos algo. Y solo para que cambiara de tema asentí sin darle gran importancia.

Y hoy meses después recuerdo esa charla a la que no le di importancia y me parece que debería cumplir mi palabra, esa que le di sin pensarlo siquiera. Debo despedirme de ella y tratar de continuar mi vida.

—Becca… Becca… —Sandra se acerca y toca el codo de su amiga para que reaccione—. Está por cerrar el cementerio y está oscureciendo… ¿desde que hora estas aquí?

—N…no puedo Sandy, simplemente no puedo vivir sin él… —se limpia las lágrimas con la manga de su sudadera mientras hipa tratando de aclarase la garganta—, lo necesito a mi lado y sin él yo no…


—Becca, cariño —la abraza para ayudarle a levantarse— han pasado casi dos meses desde que Jude tuvo ese accidente en la moto y…






viernes, 22 de julio de 2016

Tu Sonrisa by FelinDreams (One Shot)



 Tu Sonrisa 


By Felin




Había sido un fin de semana maravilloso, sé que ahora que tengo que regresar a la realidad deberé enfrentar a mi padre. No puedo decir que no me ama, tiene una forma extraña de demuéstramelo. Pudo haberme enviado a vivir con alguno de mis abuelos, ya que sé perfectamente que él me culpa a pesar de que yo no hubiera tenido la culpa en realidad, pero a veces cuando me observa de esa manera tan fija, torciendo ligeramente sus labios hacia la izquierda, baja unos escasos milímetros la ceja derecha que aparece junto a ese pequeño tic, ese temblor en el ojo, es porque está recordando ese día, cuando la perdió a ella y yo llegué a su vida.

Nunca me ha puesto una mano encima aunque ganas no le han faltado, pero cada vez que habla con ese tono ligeramente ronco, frió es como si me golpeara y la verdad es que así golpea mi alma, esa que llora en silencio y se desgarra cada día más.

Tal vez por eso he buscado esas caricias, eso amor en otros hombres, ese que me ha negado él toda mi vida. He recibido migajas solamente de ellos. Tampoco es que haya estado con tantos, pero a mis casi veintiún años es increíble que esté a punto de llegar a una cifra de dos dígitos. Mis amigas (que en realidad puedo contar con una mano y me sobran dedos), solo han tenido uno o máximo tres, y una de ellas sigue siendo virgen… yo desde muy pequeña di ese «regalo» hace como siete años, esperando sentirme amada y solo fui utilizada. No me he acostado con todos, tampoco soy una imbécil, aunque decir que he estado en la cama con la mitad de ellos no me enorgullece.

Ethan fue diferente desde el principio, él fue… es mi amigo, mi confidente, pero lo más probable es que cuando se enteré de toda la verdad, de esa que no me atrevo a hablar con nadie, él también me abandonará.

Cuando llegue ese momento me preocuparé, hoy, en este instante debería estar deleitándome con el majestuoso escenario que nos rodea que parece salido de un cuento de hadas, una pequeña escarcha adorna la copa de los arboles más altos al igual que las montañas que nos rodean. Los rastros del invierno se están desvaneciendo para darle ya cabida a esa primavera que parece tener urgencia por demostrar su belleza.

Estar durante tres largos días —aunque los sentí tan cortos— que no deseaba que se terminaran llegaron a su fin y después de pasar en esa casa de descanso de los padres de Ethan junto al lago, es doloroso tener que regresar a casa, y ver ese tic en el ojo de mi padre cada día o convivir con sus largos silencios mientras estamos sentados en la mesa o en cualquier lugar que coincidamos. De solo recordar me duele el pecho y me cueste trabajo respirar.

No hago ningún movimiento extraño, pero parece que Ethan ha notado algo en mí para que voltee a verme y deje de ver unos segundos el camino que tenemos adelante.

Le sonrío de regreso y no puedo apartar la vista de ese rostro de quijada marcada y esos hermosos hoyuelos que se le hacen en la mejilla. Un año ha sido suficiente para que me aprendiera de memoria cada línea de su rosto, cada musculo de su cuerpo, todas las diferentes miradas que me dedica… pero lo que más me gusta de él, es que cuando sonríe, me sonríe lo hace con todo su cuerpo e ilumina mi vida, mi ser.

—Si sigues observándome de esa manera, podemos tener un accidente —me dice al tiempo que pone esa sonrisa en sus labios y me hace un giño con su ojo.

—¿Y qué más da? —le respondo lo más seria que puedo—. Hace un año, exactamente un año tuve un accidente en esa curva, —le digo sin quitarle la vista de encima y cabeceo hacia el frente, al camino, donde hay una curva en la carretera— y mi corazón se detuvo, no podía respirar y…

Se pone lívido en un instante, disminuye un poco la velocidad y sin quitarle completamente la vista a la carretera me ve de reojo con cierto nerviosísimo.

 —¿De qué estás hablando Eileen? —su voz tiembla ligeramente—. Me habías dicho que nunca habías venido a…

—Es cierto, nunca había venido aquí —sin poder aguantarme más la risa, trato de disimular todavía—. A la curva que me refiera es esa que me mostraste apenas hace unos segundos.

Suelta un suspiro, ya que parece estaba conteniendo la respiración e inmediatamente vuelve a poner esa curva que hace que mi corazón se detenga y deje de respirar.

—Puff, Leen —vuelve a sonreír—, eres increíble ¿lo sabes?

—Solo cuando estoy a tu lado, además, ¿cómo que te he asustado? ¿este viaje no fue para celebrar nuestro primer año de conocernos, de la primera vez que volteaste a verme y me sonreíste?

—Y de seis meses que me dijiste que me amabas… claro después de que yo te lo dije primero.

 —¿Ahora te queda claro que hace exactamente un año, mi corazón dejó de latir y no podía respirar, por culpa de esa curva? —y sin más resistencia solté la carcajada.

—Entonces, también deberías tomar en cuenta que ese día hubo dos accidentes, solo que el mío fue en otra curva.

Eso hace que se me olvide a la que me voy a enfrentar en un par de horas en casa. Y de nuevo él se da cuenta de mi preocupación.

—Déjame hablar con tu padre y…

—Eso complicaría las cosas Eth.

—Confía en mí, no estás sola.

—Lo sé.


Pero también sé que si él se presenta en casa, las cosas se pondrían peor que nunca. Y más ahora que mi tía Lisseth está en casa de manera indefinida. Ese motivo fue el último empujón que necesitaba para decirle a Ethan que hiciéramos este viaje, durante semanas me trató de convencer y yo me negaba, pero ¿cómo seguir negándome cuando el infierno estaba  punto de entrar en casa? sí de cualquier manera me hará la existencia imposible, que sea con provecho, digo yo.




domingo, 18 de octubre de 2015

Vestido de Novia by Felin - One Shot

Vestido de Novia

By Felin




Era una noche fría…

Una noche fría y lluviosa…

Una que me hacía recordar mi miseria…

Una que me hacía recordar que ella ya no está conmigo.

Han pasado ya cinco años desde que me tuve que despedir de ella y noches como esta me recuerdan aquella noche trágica que si no hubiera sido por el maldito y odioso tráfico, quizá yo hubiera llegado a tiempo y ella no me hubiera estado esperando casi una hora bajo aquella parada del autobús resguardándose de la lluvia mientras llegaba por ella.

Maldita la hora que en la mañana cuando nos despedimos le pedí que usara el anillo de compromiso que seis meses atrás le había dado y ella por temor lo llevaba colgado siempre en una cadena fina de oro blanco que colgaba de su cuello ocultando el pequeño diamante rosa que tenía el anillo que había dado comienzo a los planes para nuestro futuro.

Muchos creyeron que se lo había entregado hace tan solo un mes cuando lo hicimos oficial con una pequeña cena donde nos acompañaron amigos y familiares cercanos y desde hace dos semanas no paraban de preguntar si habíamos tomado esa decisión porque ella ya tenía dos meses de embarazo. Dejamos que creyeran lo que ellos quisieran ya que por más que dijéramos que no, jamás nos creerían. Para cuando les dimos la notica ya estaba todo listo: vestido, banquete, iglesia, el juez. Yo fui siempre de la idea de que no era hombre para el matrimonio pero cuando la conocí hace casi nueve años supe que estaba equivocado. Me llevó mi tiempo convencerla que se fijara en mí y después de casi dos años juntos vivimos juntos, lo que nos llevaba a dar el siguiente paso. Ella hubiera preferido un picnic romántico o algo así aquel día, era tan sencilla que jamás me exigió nada. Y yo con ganas de gritarle al mundo mi felicidad eché la casa por la ventana y hasta mimos, juegos pirotécnicos y un cuarteto de cuerdas, a pesar de todo el show, fue un momento romántico e ideal.

Faltaban solo diez días para el gran día y por eso le pedí que usar el anillo que por temor ella no quería usarlo. Yo insistí y esa misma mañana se lo volví  colocar en su dedo.

Un asalto. O es lo que me dijeron

Una agresión que se llevó cruelmente su vida y la de mi bebé.

Su cuerpo ultrajado fue encontrado doce horas después llenas de una agonía donde me culpaba de lo sucedido.

Cinco años que no he podido dormir, comer, ni hacer nada… solo deambular como zombie  haciendo las cosas mecánicamente y mi único consuelo era llegar a nuestro apartamento que ella había decorado, donde aún estaba su esencia y me negaba a cambiar aunque fuera un alfiler.

Noches como estás me ahogo en el alcohol hasta que pierdo la conciencia. Y soy despertado en la madrugada con el susurro de su dulce voz:

—Amor, tengo frio… —desliza un pequeño beso en mi mejilla— hazme un hueco en tu cama.

Este dialogo fue constante las últimas semanas que estuvimos juntos, ya que habíamos decidido que hasta que no estuviéramos casados, seriamos solo compañeros de piso, ya que llegado ese día estrenaríamos aquella casa que le había comprado y que hoy está abandonada, ella era la que me había pedido esta “separación” para poder iniciar con el pie derecho nuestra vida de casados. Pero ella siempre se escabullía en mitad de la noche a mi habitación para que durmiéramos abrazados.

Desde hace cinco años, esto sucede con frecuencia, yo me despierto a la mañana siguiente frío de pies a cabeza abrazando su vestido de novia. Con la mente nublada me levantaba a darme una ducha y me marchaba al trabajo. Mi nana era la que se encargaba del cuidado de la casa, de mantenerla limpia y con la despensa llena. Era a la única que no había podido alejar de mi miserable vida.

Está noche se escabulló en mi cama, no llevaba su pijama habitual, llevaba su vestido de novia puesto, era hermosa, se veía hermosa.

—He esperado tanto para usar este vestido para ti —me dijo mientras yo la abrazaba.

Y hasta ese momento lo recordé: Ella fue enterrada con ese vestido.





miércoles, 2 de septiembre de 2015

Debilidad: Desvaríos de una Bruja Enamorada by Felin (one shot)

Debilidad:
Desvaríos de una Bruja Enamorada



By Felin

Anoche soñé contigo. Soñé que me amabas. Soñé que yo era suficiente. Soñé que…

Pero al despertarme hoy, me di cuenta que solo fue un sueño. Y ahora que lo pienso, quizá fue un muy mal sueño.

¿Quién en su sano juicio desearía estar con un gilipollas como tú?

Es cierto, tienes un cuerpo que wow, si con la tela encima te ves tan apetecible, sencillamente se me hace agua la boca de imaginar tu piel dorada en toda su plenitud, sin ninguna barrera que se interponga en mi camino y bloquee mi mirada al tiempo que con mi mano recorro cada centímetro de tu piel mientras intento grabar en mi memoria cada sensación, cada choque eléctrico, cada sentimiento que despiertas en mi como un tatuaje permanente que me acompañará hasta el final de días. Y hacer el mismo camino con mis labios —como muchas veces lo he hecho y siempre es como la primera vez—, y detenerme en ciertos puntos sensibles y succionar y chupar fuertemente hasta que me pidas que no me detenga, que grites mi nombre entre jadeos porque tu corazón late a mil…

Pero, ¿qué demonios estoy diciendo?

Y tú, eres un perfecto imbécil que no tienes corazón. Me lo has demostrado más de una ocasión y no te mereces que tenga aunque sea un insignificante pensamiento, lujurioso, apasionado donde entras en mí mientras yo…

«¡Basta!», me recrimino a mí misma por mi debilidad.

Me has hecho demasiado daño y lo único que yo debería pensar es pagarte con la misma moneda, tratarte y hasta humillarte como tú lo has hecho conmigo tantas veces que he perdido ya la cuenta.

Pero, con un único pensamiento hacia ti, mi cuerpo y las malditas hormonas —que hoy deben estar más locas que de costumbre— me hacen cambiar de parecer y lo único que puedo hacer es imaginarte: arriba, debajo, por atrás, hincado, sentado… y yo a tu lado. Para que mentirme a mí misma si a tu lado me has hecho la mujer más feliz del mundo… ojo, en ningún momento he dicho amada, satisfecha sexualmente sería más la palabra adecuada para definir nuestra relación si es que existe alguna, porque el que tengamos relaciones no es lo mismo decir que estamos en una relación.

Debí haberte hecho caso cuando la primera vez me dijiste que no me involucrara contigo que me lastimarías más de lo que cualquiera lo hubiera hecho, pero mi arrogancia no me dejó irme cuando podía. Con el pensamiento estúpido de:  «yo controlo mis sentimientos y decido a quién, cómo y cuándo  entregarlos», y entonces caí redondita en mi propia trampa y hoy estoy estúpidamente enamorada del idiota más grande del mundo que ve en mí solo una especie de muñeca, juguete lleno de celulitis y grasa con la cual follar cuando te plazca y que en público ni siquiera me das un saludo porque te da pena que te relacionen conmigo…

—¡Pero que idiota más cabrón! —Grito sin recordar donde me encuentro en este momento.

—Señorita Betancourt —me dice mientras se acomoda sus anteojos mientras me dirige una mirada que si fueran cuchillas mi madre en estos momentos no me podría reconocer— parece que tiene un punto bien definido sobre el tema… —«maldita mierda» estoy en clase de sociología— pero, ¿Qué le parece si explaya su punto de vista sobre Durkheim a toda la clase?

Me quiero morir…

No sé en qué momento perdí la noción de tiempo-espacio y lo único que he hecho la última hora es ver el perfil más perfecto y…

—Lamento mí… —digo tartamudeando ante mi torpeza y me descuido.

Siento vibrar mi celular en mi bolsillo, agradeciendo haber recordado quitar el sonido. Una vez que el profesor Álvarez da media vuelta y continua la clase, lo saco y para mi sorpresa hay un mensaje de él.

«Cuando tartamudeas, te ves sexy y me recuerda cuando estás debajo de mí, ¿hoy a la 5 en mi depa?»

Sonrió de anticipación y con dedos temblorosos le escribo:

«A las 6, si estás de acuerdo, salgo a las 5.30».

Lo volteo a ver y me sonríe mientras con un movimiento de cabeza me confirma el cambio de horario.

Mentira que salgo a esa hora, pero tengo que depilarme, quizá ir a comprar un conjunto nuevo y…



Muchas veces me he repetido, no lo vuelvo a hacer.
¿A quién pretendo engañar?


Abrir los ojos y pensar: ¿Otra vez no? En verdad no es la mejor manera de iniciar un nuevo día. Así que debo rebobinar el cassette y verlo desde otro punto de vista.

Trabajar en el inframundo y elegir el castigo por el cual las almas en pena que han caído cada día será su tarea de hoy en adelante hasta la eternidad, no es el mejor trabajo del mundo.
Yo imaginaba que un trabajo así sería excitante.

Realmente estaba equivocada.

Durante casi veinte años yo estuve sentada detrás de un escritorio juzgando, castigando, aprovechándome, burlándome, analizando de manera arbitraria a cuanto estudiante a mi acudía por un consejo, por una orientación sobre sus problemas personales o de estudio. Le vi la cara a sus padres que mientras me hablaban buscando un apoyo yo en mi interior repasaba las compras que tendría que hacer, tarareaba alguna canción en mi mente o planificaba el resto de mi semana. Siempre con una enorme sonrisa en mis labios mientras asentía.

Durante estos veinte años como consejera y psicóloga en el instituto hicieron mi vida vacía mientras se iba de mis manos detrás de ese insulso escritorio. Mi vida era tan aburrida, estaba sola y en algún momento creí que encontraría que hacer, algo que me llenara que me hiciera sentir viva, que me indicara que estaba en el camino correcto. Lo que se supone que yo debería hacer por ellos.

Jamás creí que aquella chiquilla fuera capaz de hacer eso. No creí que estuviera tan mal, que en verdad necesitara ayuda. Ni siquiera pude levantarme de mi asiento, cuando ella entró con una escopeta en la mano y su rostro manchado por las lágrimas que había derramado al matar a cuarenta personas, entre profesores, compañeros que siempre se burlaron de ella y compañeros que la ignoraron.

Yo fui la victima cuarenta y uno.

Ella la cuarenta y dos.

Yo no tuve juicio y simplemente mi alma llegó y se instaló detrás de un escritorio.

Ya no tenía que velar por el bienestar de las personas, algo que en realidad nunca hice. Mi trabajo aquí en el infierno es elegir la manera de hacerles más miserable su eternidad a las almas en pena que no podrá trascender jamás.

Este trabajo en vida lo realicé por veinte años y era miserable… hoy lo haré por miles de años y ni siquiera podré soñar en cambiar de empleo. Será consejera por el resto de existencia, escuchando lamentarse a los demás, mientras yo en mi interior me lamentaré por la vida que llevé y no aproveché. 



jueves, 11 de junio de 2015

¡Es Ella! by Felin


¡Es Ella!

por Felin

—No sé cómo es que dejé que me convenciera mi hermano que lo cubriera el día de hoy —me recriminó a mí mismo al tiempo que golpeo el volante ante la desesperación de tener casi una hora atrapado en el tráfico y no hemos avanzado más que un par de metros en este tiempo.

La resaca corre por mi cuerpo sin compasión haciendo que a cada segundo me arrepienta de haber salido de la cama y peor aún de venir a trabajar el taxi de mi hermano. Como cada viernes desde hace unos meses acudo a un bar y bebo unas copas mientras espero.

Pero su casi suplica de que tenía que sacar el dinero para pagar el seguro, la mensualidad y algo de la universidad es que no tuve más remedio que acceder. Nunca ha permitido que mis padres corran con sus gastos desde que pudo valerse por él mismo y recuerdo que a los once años iba al supermercado a ganarse unos cuantos dólares ayudando a empacar los víveres de los clientes por horas mientras yo a esa edad me la pasaba jugando con los amigos o estudiando. Tampoco es que sea un desobligado bueno para nada, pero ya que mis padres me dieron —y a Alessandro también aunque lo rechace— el apoyo económico para poder terminar los estudios sin necesidad de trabajar, hoy como buen hermano mayor, no me queda otra que apoyarlo yo. No acepta mi dinero, pero si unas horas de trabajo.

Me chantajeó con «amas conducir y no tienes nada mejor que hacer», y puso esa mirada de cachorro perdido que conteniendo una carcajada le pedí las llaves y heme aquí, atrapado en el trafico un sábado por la tarde.

Durante las cuatro horas que llevo sentado aquí he escuchado la música de mi teléfono, pero como estoy a punto de empezar a repetir el repertorio que tengo lo apago y enciendo la radio buscando alguna estación de música en inglés, que es la que normalmente escucho, mientras recorro las frecuencias alcanzó a reconocer la voz de Enrique Iglesias, y no puedo evitarlo, sonrió al recordar esos cálidos, sexys y carnosos labios que me besaron en aquel bar al que me arrastró mi hermano por su cumpleaños hace ya casi tres meses.

Me tomó desprevenido, me había acercado a la barra para pedir la siguiente ronda, cuando de repente sentí que alguien me saludaba en mi oído en un susurro que hizo correr una serie de chispas eléctricas por todo mi cuerpo y tan solo me di media vuelta para ver la dueña de esa voz que había provocado en mí una cadena de reacciones inesperadas cuando se acercó a mí y me robó el aliento con un beso lento, largo, profundo donde pude saborearla sin detenerme a pensar en lo que estaba haciendo, y un segundo me atreví a abrir los ojos para ver que ella a pesar de tener cerrados sus ojos, sé que estaba sonriendo y disfrutándolo. No sé el tiempo que pasó, aunque me fue insuficiente, cuando se separó de mi yo lo único que deseaba era atraerla hacia mí y continuar con lo que ella había empezado.

—Por hoy es suficiente —me dijo con una amplia sonrisa en sus labios y pude ver sus ojos negros profundos que sonreían también viéndome fijamente—. La siguiente vez tú puedes dar el primer paso.

Y sin más se alejó de mí riendo hacia sus amigas.

En ese momento comprendí que había sido una apuesta o juego que tenía con las otras chicas. Pero en mis labios, en mi mente se había grabado cada rasgo de su rostro, su olor y su sabor. Sabía que sería casi una misión imposible volver a verla en alguna otra ocasión. Y siempre que escuchaba a Enrique Iglesias cantar me la recordaba, ya que cuando sus labios se unieron a los míos estaba una canción de él en el fondo. Y esta ocasión no había sido la diferencia, regresé mi camino hasta que encontré la estación donde estaba sonando Héroe de Enrique Iglesias y sin poder evitarlo cierro los ojos mientras toco ligeramente mis labios. Ya sé que si alguien me viera haciendo esto me verían con ojos de «que gay eres», pero no puedo evitarlo. Tengo así tres meses. Y estando solo en el tráfico, a menos que mi vecino de carril me esté observando durante los treinta segundos que hago esto, nadie tiene que saberlo.

Después de la que pareció una eternidad y dispuesto a hacerle trampa a mi hermano y darle dinero de mi bolsillo diciendo que fue lo que saque después de horas trabajando su taxi, una vez que salí del embotellamiento comienzo a tomar camino a casa, no sé si ya esté Alex o aun no, pero no me molesta darle dinero para ayudarle un poco. ¿No dicen que ojos que no ven corazón que no siente?
Una pareja me hace la parada, solo espero que no me alejen de mi destino, y decido detenerme y llevarlos.

El chico se desvive por la chica, con sus comentarios y por la forma en que la trata. Me llama la atención que ella solo mueva la cabeza o contesta con susurros pocos audibles con monosílabos y vea la calle en lugar de su acompañante. Parece aburrida. No es que yo me sienta Brad Pitt pero me parece que su amabilidad excesiva es para compensar un poco su… mierda me hace daño tener tantas hermanas en casa que lo de «gay» —sin ofender— me hace parecer chica haciendo estas observaciones. Los hombres somos, hombres, no somos ni guapos ni feos, somos masculinos. Así de sencillo.

—Jules —dice ella con desgano— me duele la cabeza, ¿podemos dejarlo para otro día?

—Entonces, ¿te llevo a tu casa? —Dice en voz de derrota—. Lamento que mi auto se descompusiera, sé que esto afectó lo que…

—Ya habrá más oportunidades —dice la chica con poco animo sin siquiera voltear a verlo.

—¿E-En serio? —Él le pregunta con una nota de alegría en su voz.

—Nos puedes dejar en el siguiente semáforo, por favor —habla dirigiéndose hacia a mí y la observo por el espejo retrovisor. Mi corazón se detiene al ver esos ojos negros que me están observando también.

Es ella.

La que no he dejado de soñar por tres meses.

—Creí que… —se escucha un temblor en la voz de él— que querías ir a casa para descansar y…

—Tengo que hacer unas compras. Ya no estoy tan lejos de mi casa —hace hincapié en «mi»— y tu podrás ir al taller a ver lo de tu auto.

—¿Estás segura? Porque podría… —y al no tener contestación de ella después de una pausa, continua— podría acompañarte a hacer lo que tengas que hacer y después llevarte a…

Detengo el auto y ella se dirige de nuevo a mí sin mirarme esta ocasión.

—¿Cuánto te debemos?

Esa era la señal que se alejaría y no solo de mí, él también se ve preocupado como yo.

Se bajan los dos y a mí no me queda otra que volver a arrancar. Pero no me pienso rendir tan fácil, así que me estaciono unos metros adelante viéndolos por el espejo retrovisor para saber en qué momento puedo entrar en acción.

Ella se ve incomoda a la distancia y cuando él se acerca a darle un beso en los labios ella se voltea en el último segundo esquivándolo, después se dan la mano y ella comienza a caminar alejándose de él. Él da unos pasos detrás de ella y después desiste.

Ella da vuelta en la esquina y tardo en reaccionar, salgo lo más deprisa que puedo y cuando llegó al punto donde dejé de verla me maldigo porque no la puedo encontrar. Recorro unos metros de la calle buscando por ambos lados si está ahí. No sé si ha entrado a alguno de los negocios o algún edificio, buscarla así es casi una pérdida de tiempo. No pasó tanto tiempo como para perderla de nuevo, es como si se me escondiera a propósito, pero dudo que me haya reconocido. Regreso derrotado al auto decidiendo que hacer si dar vueltas por la zona para ver si la veo de nuevo o marcharme creyendo que había sido un espejismo lo que había visto.

No puedo creer lo imbécil que fui. Debí saludarla. Debí decirle algo. No debí alejarme de donde se bajaron. Debí de… puede hacer muchas cosas y no hice nada.

No puedo creerlo.

Esto simplemente es imposible.

Ella…

Abro la puerta del taxi y está ahí sentada en el asiento del pasajero.

—Creí que quedamos que la siguiente vez te tocaba dar el primer paso a ti. —Me dice sonriendo al tiempo que voltea a verme—. Pero al ver que no lo hacías, tuve que hacerlo yo de nuevo.

—Pero, si t-tu —no tengo palabras, me ha sorprendido. No sé en qué momento ella llegó aquí sin que la viera.

—Mientras corrías supongo que detrás de mí, ni siquiera te diste cuenta que pasaste a mi lado. Y por lo mismo me imagino que no te preocupo ponerle seguro al taxi. ¿Acaso no sabes que alguien te lo podría robar? —sigo absorto en su mirada y no se me ocurre que contestarle— Créeme si supiera encenderlo sin llaves y claro, si tuviera la necesidad podría habérmelo…

Como lo hizo ella hace tres meses, le robé el aliento pero con un beso hambriento, desesperado y húmedo. Tengo que reconocerlo, no ha sido el mejor beso que he robado, pero sin duda es el que más he disfrutado. Un par de minutos después sigo sin creer que esto está sucediendo.

—Creí que…

—No creas que me la paso besando a todo mundo —sonríe— me parece que todavía estoy como para elegir. Esa noche tuve que provocar a mis amigas para que creyeran que ellas habían decidido y me habían retado.

—¿Y tú chico?

—Una cita a ciegas —se sacude con un escalofrío— no preguntes, una tarde de aburrición que terminó con la peor cita de mi vida y… —me toma de la mano para salir del taxi y ponerse frente a mí— ya era tarde para echarme para atrás pero fue una bendición que el motor muriera y cuando te vi, no podía creerlo.

—¿Una tarde aburrida? —Y yo estoy aquí como un imbécil, haciendo preguntas idiotas.

—Los chats te entretienen y cuando te das cuenta ya has dicho sí. —No puedo dejar de verla— No me veas con esa cara. Desde hace tres meses que rechazo las citas normales y salgo con… «especímenes» en vías de extinción para autocastigarme por irme lejos del chico al que le robé el mejor beso que me han dado en mi vida y tiene los ojos más…

No dejo que termine.

No estoy dispuesto a perder el tiempo otra vez.

Y le doy el beso más largo, lento y profundo que mis nervios y desesperación me permiten, sellando nuestros labios juntos, haciendo honor a ese primer beso. Mientras la tomo de la cintura y la acerco a mí el beso se va haciendo más rudo, y fuerte. En mi cabeza no deja de dar vueltas sus palabras de que estos tres meses ella no ha dejado de pensar en mí.

Probablemente sea precipitado. Pero creo que es hora de que le pida a la abuela ese anillo que me ha ofrecido durante años.

He encontrado a la dueña perfecta para que lo porte en su mano.






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