sábado, 27 de agosto de 2016

Por Ella by Felin



 Por Ella



No sé cuánto tempo ha pasado desde la última vez que la vi.

He tratado de ahogar lo que siento en alcohol, debajo de otras faldas y labios, tratando de borrar sus huellas que ha dejado sobre mí. Y todo intento que he hecho ha sido en vano.

Solo la siento más presente, más viva que nunca.

Y noches como estás me la recuerdan aún más, ya que como flor temblorosa, apretujaba más su cuerpo pequeño junto al mío buscando mi protección como si un rayo fuera atravesar el ventanal de nuestra recamara y cayera sobre ella o en ese haz de luz que ilumina un instante la oscuridad de la habitación viera reflejado a un ser maligno que viniera a hacernos daño.

Hay días que parece que escucho su voz e incluso puedo sentir su aroma flotar alrededor mío envolviéndome cálidamente. Pero aunque me duela como si me clavaran una daga en el corazón cada vez que me repito ella ya no está y eso no cambiará  por más que mi alma lo clame.

Alguna vez en una  plática que tuvimos que yo me molesté, cuando sacó ella el tema fue precisamente de que no le gustaría que me atara a su recuerdo, que tenía que recordar que la vida continuaba y no podía estancarme por lo que ya no podía ser y yo enojado le pregunté que por qué diablos estábamos hablando de ese tema y ella me dijo que en la mañana vio un accidente en la parada del bus y que había perdido la vida una chica al bajarse de la acera sin fijarse antes de hacerlo y quedó atrapada debajo de las llantas del autobús, lo que le había hecho pensar que la vida no la teníamos comprada y en cualquier momento podía sucedernos algo. Y solo para que cambiara de tema asentí sin darle gran importancia.

Y hoy meses después recuerdo esa charla a la que no le di importancia y me parece que debería cumplir mi palabra, esa que le di sin pensarlo siquiera. Debo despedirme de ella y tratar de continuar mi vida.

—Becca… Becca… —Sandra se acerca y toca el codo de su amiga para que reaccione—. Está por cerrar el cementerio y está oscureciendo… ¿desde que hora estas aquí?

—N…no puedo Sandy, simplemente no puedo vivir sin él… —se limpia las lágrimas con la manga de su sudadera mientras hipa tratando de aclarase la garganta—, lo necesito a mi lado y sin él yo no…


—Becca, cariño —la abraza para ayudarle a levantarse— han pasado casi dos meses desde que Jude tuvo ese accidente en la moto y…






viernes, 22 de julio de 2016

Tu Sonrisa by FelinDreams (One Shot)



 Tu Sonrisa 


By Felin




Había sido un fin de semana maravilloso, sé que ahora que tengo que regresar a la realidad deberé enfrentar a mi padre. No puedo decir que no me ama, tiene una forma extraña de demuéstramelo. Pudo haberme enviado a vivir con alguno de mis abuelos, ya que sé perfectamente que él me culpa a pesar de que yo no hubiera tenido la culpa en realidad, pero a veces cuando me observa de esa manera tan fija, torciendo ligeramente sus labios hacia la izquierda, baja unos escasos milímetros la ceja derecha que aparece junto a ese pequeño tic, ese temblor en el ojo, es porque está recordando ese día, cuando la perdió a ella y yo llegué a su vida.

Nunca me ha puesto una mano encima aunque ganas no le han faltado, pero cada vez que habla con ese tono ligeramente ronco, frió es como si me golpeara y la verdad es que así golpea mi alma, esa que llora en silencio y se desgarra cada día más.

Tal vez por eso he buscado esas caricias, eso amor en otros hombres, ese que me ha negado él toda mi vida. He recibido migajas solamente de ellos. Tampoco es que haya estado con tantos, pero a mis casi veintiún años es increíble que esté a punto de llegar a una cifra de dos dígitos. Mis amigas (que en realidad puedo contar con una mano y me sobran dedos), solo han tenido uno o máximo tres, y una de ellas sigue siendo virgen… yo desde muy pequeña di ese «regalo» hace como siete años, esperando sentirme amada y solo fui utilizada. No me he acostado con todos, tampoco soy una imbécil, aunque decir que he estado en la cama con la mitad de ellos no me enorgullece.

Ethan fue diferente desde el principio, él fue… es mi amigo, mi confidente, pero lo más probable es que cuando se enteré de toda la verdad, de esa que no me atrevo a hablar con nadie, él también me abandonará.

Cuando llegue ese momento me preocuparé, hoy, en este instante debería estar deleitándome con el majestuoso escenario que nos rodea que parece salido de un cuento de hadas, una pequeña escarcha adorna la copa de los arboles más altos al igual que las montañas que nos rodean. Los rastros del invierno se están desvaneciendo para darle ya cabida a esa primavera que parece tener urgencia por demostrar su belleza.

Estar durante tres largos días —aunque los sentí tan cortos— que no deseaba que se terminaran llegaron a su fin y después de pasar en esa casa de descanso de los padres de Ethan junto al lago, es doloroso tener que regresar a casa, y ver ese tic en el ojo de mi padre cada día o convivir con sus largos silencios mientras estamos sentados en la mesa o en cualquier lugar que coincidamos. De solo recordar me duele el pecho y me cueste trabajo respirar.

No hago ningún movimiento extraño, pero parece que Ethan ha notado algo en mí para que voltee a verme y deje de ver unos segundos el camino que tenemos adelante.

Le sonrío de regreso y no puedo apartar la vista de ese rostro de quijada marcada y esos hermosos hoyuelos que se le hacen en la mejilla. Un año ha sido suficiente para que me aprendiera de memoria cada línea de su rosto, cada musculo de su cuerpo, todas las diferentes miradas que me dedica… pero lo que más me gusta de él, es que cuando sonríe, me sonríe lo hace con todo su cuerpo e ilumina mi vida, mi ser.

—Si sigues observándome de esa manera, podemos tener un accidente —me dice al tiempo que pone esa sonrisa en sus labios y me hace un giño con su ojo.

—¿Y qué más da? —le respondo lo más seria que puedo—. Hace un año, exactamente un año tuve un accidente en esa curva, —le digo sin quitarle la vista de encima y cabeceo hacia el frente, al camino, donde hay una curva en la carretera— y mi corazón se detuvo, no podía respirar y…

Se pone lívido en un instante, disminuye un poco la velocidad y sin quitarle completamente la vista a la carretera me ve de reojo con cierto nerviosísimo.

 —¿De qué estás hablando Eileen? —su voz tiembla ligeramente—. Me habías dicho que nunca habías venido a…

—Es cierto, nunca había venido aquí —sin poder aguantarme más la risa, trato de disimular todavía—. A la curva que me refiera es esa que me mostraste apenas hace unos segundos.

Suelta un suspiro, ya que parece estaba conteniendo la respiración e inmediatamente vuelve a poner esa curva que hace que mi corazón se detenga y deje de respirar.

—Puff, Leen —vuelve a sonreír—, eres increíble ¿lo sabes?

—Solo cuando estoy a tu lado, además, ¿cómo que te he asustado? ¿este viaje no fue para celebrar nuestro primer año de conocernos, de la primera vez que volteaste a verme y me sonreíste?

—Y de seis meses que me dijiste que me amabas… claro después de que yo te lo dije primero.

 —¿Ahora te queda claro que hace exactamente un año, mi corazón dejó de latir y no podía respirar, por culpa de esa curva? —y sin más resistencia solté la carcajada.

—Entonces, también deberías tomar en cuenta que ese día hubo dos accidentes, solo que el mío fue en otra curva.

Eso hace que se me olvide a la que me voy a enfrentar en un par de horas en casa. Y de nuevo él se da cuenta de mi preocupación.

—Déjame hablar con tu padre y…

—Eso complicaría las cosas Eth.

—Confía en mí, no estás sola.

—Lo sé.


Pero también sé que si él se presenta en casa, las cosas se pondrían peor que nunca. Y más ahora que mi tía Lisseth está en casa de manera indefinida. Ese motivo fue el último empujón que necesitaba para decirle a Ethan que hiciéramos este viaje, durante semanas me trató de convencer y yo me negaba, pero ¿cómo seguir negándome cuando el infierno estaba  punto de entrar en casa? sí de cualquier manera me hará la existencia imposible, que sea con provecho, digo yo.




domingo, 18 de octubre de 2015

Vestido de Novia by Felin - One Shot

Vestido de Novia

By Felin




Era una noche fría…

Una noche fría y lluviosa…

Una que me hacía recordar mi miseria…

Una que me hacía recordar que ella ya no está conmigo.

Han pasado ya cinco años desde que me tuve que despedir de ella y noches como esta me recuerdan aquella noche trágica que si no hubiera sido por el maldito y odioso tráfico, quizá yo hubiera llegado a tiempo y ella no me hubiera estado esperando casi una hora bajo aquella parada del autobús resguardándose de la lluvia mientras llegaba por ella.

Maldita la hora que en la mañana cuando nos despedimos le pedí que usara el anillo de compromiso que seis meses atrás le había dado y ella por temor lo llevaba colgado siempre en una cadena fina de oro blanco que colgaba de su cuello ocultando el pequeño diamante rosa que tenía el anillo que había dado comienzo a los planes para nuestro futuro.

Muchos creyeron que se lo había entregado hace tan solo un mes cuando lo hicimos oficial con una pequeña cena donde nos acompañaron amigos y familiares cercanos y desde hace dos semanas no paraban de preguntar si habíamos tomado esa decisión porque ella ya tenía dos meses de embarazo. Dejamos que creyeran lo que ellos quisieran ya que por más que dijéramos que no, jamás nos creerían. Para cuando les dimos la notica ya estaba todo listo: vestido, banquete, iglesia, el juez. Yo fui siempre de la idea de que no era hombre para el matrimonio pero cuando la conocí hace casi nueve años supe que estaba equivocado. Me llevó mi tiempo convencerla que se fijara en mí y después de casi dos años juntos vivimos juntos, lo que nos llevaba a dar el siguiente paso. Ella hubiera preferido un picnic romántico o algo así aquel día, era tan sencilla que jamás me exigió nada. Y yo con ganas de gritarle al mundo mi felicidad eché la casa por la ventana y hasta mimos, juegos pirotécnicos y un cuarteto de cuerdas, a pesar de todo el show, fue un momento romántico e ideal.

Faltaban solo diez días para el gran día y por eso le pedí que usar el anillo que por temor ella no quería usarlo. Yo insistí y esa misma mañana se lo volví  colocar en su dedo.

Un asalto. O es lo que me dijeron

Una agresión que se llevó cruelmente su vida y la de mi bebé.

Su cuerpo ultrajado fue encontrado doce horas después llenas de una agonía donde me culpaba de lo sucedido.

Cinco años que no he podido dormir, comer, ni hacer nada… solo deambular como zombie  haciendo las cosas mecánicamente y mi único consuelo era llegar a nuestro apartamento que ella había decorado, donde aún estaba su esencia y me negaba a cambiar aunque fuera un alfiler.

Noches como estás me ahogo en el alcohol hasta que pierdo la conciencia. Y soy despertado en la madrugada con el susurro de su dulce voz:

—Amor, tengo frio… —desliza un pequeño beso en mi mejilla— hazme un hueco en tu cama.

Este dialogo fue constante las últimas semanas que estuvimos juntos, ya que habíamos decidido que hasta que no estuviéramos casados, seriamos solo compañeros de piso, ya que llegado ese día estrenaríamos aquella casa que le había comprado y que hoy está abandonada, ella era la que me había pedido esta “separación” para poder iniciar con el pie derecho nuestra vida de casados. Pero ella siempre se escabullía en mitad de la noche a mi habitación para que durmiéramos abrazados.

Desde hace cinco años, esto sucede con frecuencia, yo me despierto a la mañana siguiente frío de pies a cabeza abrazando su vestido de novia. Con la mente nublada me levantaba a darme una ducha y me marchaba al trabajo. Mi nana era la que se encargaba del cuidado de la casa, de mantenerla limpia y con la despensa llena. Era a la única que no había podido alejar de mi miserable vida.

Está noche se escabulló en mi cama, no llevaba su pijama habitual, llevaba su vestido de novia puesto, era hermosa, se veía hermosa.

—He esperado tanto para usar este vestido para ti —me dijo mientras yo la abrazaba.

Y hasta ese momento lo recordé: Ella fue enterrada con ese vestido.





miércoles, 2 de septiembre de 2015

Debilidad: Desvaríos de una Bruja Enamorada by Felin (one shot)

Debilidad:
Desvaríos de una Bruja Enamorada



By Felin

Anoche soñé contigo. Soñé que me amabas. Soñé que yo era suficiente. Soñé que…

Pero al despertarme hoy, me di cuenta que solo fue un sueño. Y ahora que lo pienso, quizá fue un muy mal sueño.

¿Quién en su sano juicio desearía estar con un gilipollas como tú?

Es cierto, tienes un cuerpo que wow, si con la tela encima te ves tan apetecible, sencillamente se me hace agua la boca de imaginar tu piel dorada en toda su plenitud, sin ninguna barrera que se interponga en mi camino y bloquee mi mirada al tiempo que con mi mano recorro cada centímetro de tu piel mientras intento grabar en mi memoria cada sensación, cada choque eléctrico, cada sentimiento que despiertas en mi como un tatuaje permanente que me acompañará hasta el final de días. Y hacer el mismo camino con mis labios —como muchas veces lo he hecho y siempre es como la primera vez—, y detenerme en ciertos puntos sensibles y succionar y chupar fuertemente hasta que me pidas que no me detenga, que grites mi nombre entre jadeos porque tu corazón late a mil…

Pero, ¿qué demonios estoy diciendo?

Y tú, eres un perfecto imbécil que no tienes corazón. Me lo has demostrado más de una ocasión y no te mereces que tenga aunque sea un insignificante pensamiento, lujurioso, apasionado donde entras en mí mientras yo…

«¡Basta!», me recrimino a mí misma por mi debilidad.

Me has hecho demasiado daño y lo único que yo debería pensar es pagarte con la misma moneda, tratarte y hasta humillarte como tú lo has hecho conmigo tantas veces que he perdido ya la cuenta.

Pero, con un único pensamiento hacia ti, mi cuerpo y las malditas hormonas —que hoy deben estar más locas que de costumbre— me hacen cambiar de parecer y lo único que puedo hacer es imaginarte: arriba, debajo, por atrás, hincado, sentado… y yo a tu lado. Para que mentirme a mí misma si a tu lado me has hecho la mujer más feliz del mundo… ojo, en ningún momento he dicho amada, satisfecha sexualmente sería más la palabra adecuada para definir nuestra relación si es que existe alguna, porque el que tengamos relaciones no es lo mismo decir que estamos en una relación.

Debí haberte hecho caso cuando la primera vez me dijiste que no me involucrara contigo que me lastimarías más de lo que cualquiera lo hubiera hecho, pero mi arrogancia no me dejó irme cuando podía. Con el pensamiento estúpido de:  «yo controlo mis sentimientos y decido a quién, cómo y cuándo  entregarlos», y entonces caí redondita en mi propia trampa y hoy estoy estúpidamente enamorada del idiota más grande del mundo que ve en mí solo una especie de muñeca, juguete lleno de celulitis y grasa con la cual follar cuando te plazca y que en público ni siquiera me das un saludo porque te da pena que te relacionen conmigo…

—¡Pero que idiota más cabrón! —Grito sin recordar donde me encuentro en este momento.

—Señorita Betancourt —me dice mientras se acomoda sus anteojos mientras me dirige una mirada que si fueran cuchillas mi madre en estos momentos no me podría reconocer— parece que tiene un punto bien definido sobre el tema… —«maldita mierda» estoy en clase de sociología— pero, ¿Qué le parece si explaya su punto de vista sobre Durkheim a toda la clase?

Me quiero morir…

No sé en qué momento perdí la noción de tiempo-espacio y lo único que he hecho la última hora es ver el perfil más perfecto y…

—Lamento mí… —digo tartamudeando ante mi torpeza y me descuido.

Siento vibrar mi celular en mi bolsillo, agradeciendo haber recordado quitar el sonido. Una vez que el profesor Álvarez da media vuelta y continua la clase, lo saco y para mi sorpresa hay un mensaje de él.

«Cuando tartamudeas, te ves sexy y me recuerda cuando estás debajo de mí, ¿hoy a la 5 en mi depa?»

Sonrió de anticipación y con dedos temblorosos le escribo:

«A las 6, si estás de acuerdo, salgo a las 5.30».

Lo volteo a ver y me sonríe mientras con un movimiento de cabeza me confirma el cambio de horario.

Mentira que salgo a esa hora, pero tengo que depilarme, quizá ir a comprar un conjunto nuevo y…



Muchas veces me he repetido, no lo vuelvo a hacer.
¿A quién pretendo engañar?


Abrir los ojos y pensar: ¿Otra vez no? En verdad no es la mejor manera de iniciar un nuevo día. Así que debo rebobinar el cassette y verlo desde otro punto de vista.

Trabajar en el inframundo y elegir el castigo por el cual las almas en pena que han caído cada día será su tarea de hoy en adelante hasta la eternidad, no es el mejor trabajo del mundo.
Yo imaginaba que un trabajo así sería excitante.

Realmente estaba equivocada.

Durante casi veinte años yo estuve sentada detrás de un escritorio juzgando, castigando, aprovechándome, burlándome, analizando de manera arbitraria a cuanto estudiante a mi acudía por un consejo, por una orientación sobre sus problemas personales o de estudio. Le vi la cara a sus padres que mientras me hablaban buscando un apoyo yo en mi interior repasaba las compras que tendría que hacer, tarareaba alguna canción en mi mente o planificaba el resto de mi semana. Siempre con una enorme sonrisa en mis labios mientras asentía.

Durante estos veinte años como consejera y psicóloga en el instituto hicieron mi vida vacía mientras se iba de mis manos detrás de ese insulso escritorio. Mi vida era tan aburrida, estaba sola y en algún momento creí que encontraría que hacer, algo que me llenara que me hiciera sentir viva, que me indicara que estaba en el camino correcto. Lo que se supone que yo debería hacer por ellos.

Jamás creí que aquella chiquilla fuera capaz de hacer eso. No creí que estuviera tan mal, que en verdad necesitara ayuda. Ni siquiera pude levantarme de mi asiento, cuando ella entró con una escopeta en la mano y su rostro manchado por las lágrimas que había derramado al matar a cuarenta personas, entre profesores, compañeros que siempre se burlaron de ella y compañeros que la ignoraron.

Yo fui la victima cuarenta y uno.

Ella la cuarenta y dos.

Yo no tuve juicio y simplemente mi alma llegó y se instaló detrás de un escritorio.

Ya no tenía que velar por el bienestar de las personas, algo que en realidad nunca hice. Mi trabajo aquí en el infierno es elegir la manera de hacerles más miserable su eternidad a las almas en pena que no podrá trascender jamás.

Este trabajo en vida lo realicé por veinte años y era miserable… hoy lo haré por miles de años y ni siquiera podré soñar en cambiar de empleo. Será consejera por el resto de existencia, escuchando lamentarse a los demás, mientras yo en mi interior me lamentaré por la vida que llevé y no aproveché. 



jueves, 11 de junio de 2015

¡Es Ella! by Felin


¡Es Ella!

por Felin

—No sé cómo es que dejé que me convenciera mi hermano que lo cubriera el día de hoy —me recriminó a mí mismo al tiempo que golpeo el volante ante la desesperación de tener casi una hora atrapado en el tráfico y no hemos avanzado más que un par de metros en este tiempo.

La resaca corre por mi cuerpo sin compasión haciendo que a cada segundo me arrepienta de haber salido de la cama y peor aún de venir a trabajar el taxi de mi hermano. Como cada viernes desde hace unos meses acudo a un bar y bebo unas copas mientras espero.

Pero su casi suplica de que tenía que sacar el dinero para pagar el seguro, la mensualidad y algo de la universidad es que no tuve más remedio que acceder. Nunca ha permitido que mis padres corran con sus gastos desde que pudo valerse por él mismo y recuerdo que a los once años iba al supermercado a ganarse unos cuantos dólares ayudando a empacar los víveres de los clientes por horas mientras yo a esa edad me la pasaba jugando con los amigos o estudiando. Tampoco es que sea un desobligado bueno para nada, pero ya que mis padres me dieron —y a Alessandro también aunque lo rechace— el apoyo económico para poder terminar los estudios sin necesidad de trabajar, hoy como buen hermano mayor, no me queda otra que apoyarlo yo. No acepta mi dinero, pero si unas horas de trabajo.

Me chantajeó con «amas conducir y no tienes nada mejor que hacer», y puso esa mirada de cachorro perdido que conteniendo una carcajada le pedí las llaves y heme aquí, atrapado en el trafico un sábado por la tarde.

Durante las cuatro horas que llevo sentado aquí he escuchado la música de mi teléfono, pero como estoy a punto de empezar a repetir el repertorio que tengo lo apago y enciendo la radio buscando alguna estación de música en inglés, que es la que normalmente escucho, mientras recorro las frecuencias alcanzó a reconocer la voz de Enrique Iglesias, y no puedo evitarlo, sonrió al recordar esos cálidos, sexys y carnosos labios que me besaron en aquel bar al que me arrastró mi hermano por su cumpleaños hace ya casi tres meses.

Me tomó desprevenido, me había acercado a la barra para pedir la siguiente ronda, cuando de repente sentí que alguien me saludaba en mi oído en un susurro que hizo correr una serie de chispas eléctricas por todo mi cuerpo y tan solo me di media vuelta para ver la dueña de esa voz que había provocado en mí una cadena de reacciones inesperadas cuando se acercó a mí y me robó el aliento con un beso lento, largo, profundo donde pude saborearla sin detenerme a pensar en lo que estaba haciendo, y un segundo me atreví a abrir los ojos para ver que ella a pesar de tener cerrados sus ojos, sé que estaba sonriendo y disfrutándolo. No sé el tiempo que pasó, aunque me fue insuficiente, cuando se separó de mi yo lo único que deseaba era atraerla hacia mí y continuar con lo que ella había empezado.

—Por hoy es suficiente —me dijo con una amplia sonrisa en sus labios y pude ver sus ojos negros profundos que sonreían también viéndome fijamente—. La siguiente vez tú puedes dar el primer paso.

Y sin más se alejó de mí riendo hacia sus amigas.

En ese momento comprendí que había sido una apuesta o juego que tenía con las otras chicas. Pero en mis labios, en mi mente se había grabado cada rasgo de su rostro, su olor y su sabor. Sabía que sería casi una misión imposible volver a verla en alguna otra ocasión. Y siempre que escuchaba a Enrique Iglesias cantar me la recordaba, ya que cuando sus labios se unieron a los míos estaba una canción de él en el fondo. Y esta ocasión no había sido la diferencia, regresé mi camino hasta que encontré la estación donde estaba sonando Héroe de Enrique Iglesias y sin poder evitarlo cierro los ojos mientras toco ligeramente mis labios. Ya sé que si alguien me viera haciendo esto me verían con ojos de «que gay eres», pero no puedo evitarlo. Tengo así tres meses. Y estando solo en el tráfico, a menos que mi vecino de carril me esté observando durante los treinta segundos que hago esto, nadie tiene que saberlo.

Después de la que pareció una eternidad y dispuesto a hacerle trampa a mi hermano y darle dinero de mi bolsillo diciendo que fue lo que saque después de horas trabajando su taxi, una vez que salí del embotellamiento comienzo a tomar camino a casa, no sé si ya esté Alex o aun no, pero no me molesta darle dinero para ayudarle un poco. ¿No dicen que ojos que no ven corazón que no siente?
Una pareja me hace la parada, solo espero que no me alejen de mi destino, y decido detenerme y llevarlos.

El chico se desvive por la chica, con sus comentarios y por la forma en que la trata. Me llama la atención que ella solo mueva la cabeza o contesta con susurros pocos audibles con monosílabos y vea la calle en lugar de su acompañante. Parece aburrida. No es que yo me sienta Brad Pitt pero me parece que su amabilidad excesiva es para compensar un poco su… mierda me hace daño tener tantas hermanas en casa que lo de «gay» —sin ofender— me hace parecer chica haciendo estas observaciones. Los hombres somos, hombres, no somos ni guapos ni feos, somos masculinos. Así de sencillo.

—Jules —dice ella con desgano— me duele la cabeza, ¿podemos dejarlo para otro día?

—Entonces, ¿te llevo a tu casa? —Dice en voz de derrota—. Lamento que mi auto se descompusiera, sé que esto afectó lo que…

—Ya habrá más oportunidades —dice la chica con poco animo sin siquiera voltear a verlo.

—¿E-En serio? —Él le pregunta con una nota de alegría en su voz.

—Nos puedes dejar en el siguiente semáforo, por favor —habla dirigiéndose hacia a mí y la observo por el espejo retrovisor. Mi corazón se detiene al ver esos ojos negros que me están observando también.

Es ella.

La que no he dejado de soñar por tres meses.

—Creí que… —se escucha un temblor en la voz de él— que querías ir a casa para descansar y…

—Tengo que hacer unas compras. Ya no estoy tan lejos de mi casa —hace hincapié en «mi»— y tu podrás ir al taller a ver lo de tu auto.

—¿Estás segura? Porque podría… —y al no tener contestación de ella después de una pausa, continua— podría acompañarte a hacer lo que tengas que hacer y después llevarte a…

Detengo el auto y ella se dirige de nuevo a mí sin mirarme esta ocasión.

—¿Cuánto te debemos?

Esa era la señal que se alejaría y no solo de mí, él también se ve preocupado como yo.

Se bajan los dos y a mí no me queda otra que volver a arrancar. Pero no me pienso rendir tan fácil, así que me estaciono unos metros adelante viéndolos por el espejo retrovisor para saber en qué momento puedo entrar en acción.

Ella se ve incomoda a la distancia y cuando él se acerca a darle un beso en los labios ella se voltea en el último segundo esquivándolo, después se dan la mano y ella comienza a caminar alejándose de él. Él da unos pasos detrás de ella y después desiste.

Ella da vuelta en la esquina y tardo en reaccionar, salgo lo más deprisa que puedo y cuando llegó al punto donde dejé de verla me maldigo porque no la puedo encontrar. Recorro unos metros de la calle buscando por ambos lados si está ahí. No sé si ha entrado a alguno de los negocios o algún edificio, buscarla así es casi una pérdida de tiempo. No pasó tanto tiempo como para perderla de nuevo, es como si se me escondiera a propósito, pero dudo que me haya reconocido. Regreso derrotado al auto decidiendo que hacer si dar vueltas por la zona para ver si la veo de nuevo o marcharme creyendo que había sido un espejismo lo que había visto.

No puedo creer lo imbécil que fui. Debí saludarla. Debí decirle algo. No debí alejarme de donde se bajaron. Debí de… puede hacer muchas cosas y no hice nada.

No puedo creerlo.

Esto simplemente es imposible.

Ella…

Abro la puerta del taxi y está ahí sentada en el asiento del pasajero.

—Creí que quedamos que la siguiente vez te tocaba dar el primer paso a ti. —Me dice sonriendo al tiempo que voltea a verme—. Pero al ver que no lo hacías, tuve que hacerlo yo de nuevo.

—Pero, si t-tu —no tengo palabras, me ha sorprendido. No sé en qué momento ella llegó aquí sin que la viera.

—Mientras corrías supongo que detrás de mí, ni siquiera te diste cuenta que pasaste a mi lado. Y por lo mismo me imagino que no te preocupo ponerle seguro al taxi. ¿Acaso no sabes que alguien te lo podría robar? —sigo absorto en su mirada y no se me ocurre que contestarle— Créeme si supiera encenderlo sin llaves y claro, si tuviera la necesidad podría habérmelo…

Como lo hizo ella hace tres meses, le robé el aliento pero con un beso hambriento, desesperado y húmedo. Tengo que reconocerlo, no ha sido el mejor beso que he robado, pero sin duda es el que más he disfrutado. Un par de minutos después sigo sin creer que esto está sucediendo.

—Creí que…

—No creas que me la paso besando a todo mundo —sonríe— me parece que todavía estoy como para elegir. Esa noche tuve que provocar a mis amigas para que creyeran que ellas habían decidido y me habían retado.

—¿Y tú chico?

—Una cita a ciegas —se sacude con un escalofrío— no preguntes, una tarde de aburrición que terminó con la peor cita de mi vida y… —me toma de la mano para salir del taxi y ponerse frente a mí— ya era tarde para echarme para atrás pero fue una bendición que el motor muriera y cuando te vi, no podía creerlo.

—¿Una tarde aburrida? —Y yo estoy aquí como un imbécil, haciendo preguntas idiotas.

—Los chats te entretienen y cuando te das cuenta ya has dicho sí. —No puedo dejar de verla— No me veas con esa cara. Desde hace tres meses que rechazo las citas normales y salgo con… «especímenes» en vías de extinción para autocastigarme por irme lejos del chico al que le robé el mejor beso que me han dado en mi vida y tiene los ojos más…

No dejo que termine.

No estoy dispuesto a perder el tiempo otra vez.

Y le doy el beso más largo, lento y profundo que mis nervios y desesperación me permiten, sellando nuestros labios juntos, haciendo honor a ese primer beso. Mientras la tomo de la cintura y la acerco a mí el beso se va haciendo más rudo, y fuerte. En mi cabeza no deja de dar vueltas sus palabras de que estos tres meses ella no ha dejado de pensar en mí.

Probablemente sea precipitado. Pero creo que es hora de que le pida a la abuela ese anillo que me ha ofrecido durante años.

He encontrado a la dueña perfecta para que lo porte en su mano.






sábado, 3 de enero de 2015

Amor Eterno by Felin (One Shot)


Amor Eterno


by Felin

Desde que recuerdo siempre fui un poco Grinch y las fiestas de fin de año solo las celebré porque en casa lo hacían, si decoraba el árbol era por mamá que le entusiasmaba poner la casa algo así como un bazar navideño y sé que para ella era importante, desde el primer día del mes sacaba cajas y cajas del desván y pasaba días armando el menú, todo esto la hacía teniendo como música de fondo villancicos.

A la edad de doce años lo intenté por primera vez, solo fueron me hice algunos rasguños en la piel y me provoque una gastritis fuerte y una alergia. En casa no entendía porque la había hecho, porque lo había intentado… y lo único que se les ocurrió fue ignorar el tema y hacer al año siguiente como si nada hubiera pasado, mis tres hermanos más pequeños me preguntaron porque lo había hecho. Dios eran unos niños y estaban más preocupados que mis padres.

Pasaron tres navidades antes que lo volviera intentar, lo único que conseguí esa vez, fue que en lugar de que abrieran los regalos en casa en pijama, lo hicieron en el hospital, junto a mi cama. Mis padres pidieron permiso y el almuerzo de Navidad lo hicimos ahí, en ese frio hospital, celebrando y abriendo los regalos. Cuando nos quedamos solas, mi madre me preguntó porque lo había hecho, no supe que decirle, simplemente que me sentía triste.

Lo curioso es que durante el año era “normal” pero empezaba diciembre y todo cambiaba. Yo cambiaba.

Así continuaron los años. En casa celebrando a lo grande esas fechas, mientras yo me tragaba mis lágrimas en silencio.

Estando ya en la universidad, mi mejor amiga me convenció que fuéramos a ver una bruja para que nos leyera la suerte. Y una vez que salí de ahí fue peor, y aunque la razón me gritara que eran puras tonterías, algo dentro de mí me decía que algo había de cierto en sus palabras.

Me dijo que yo era un alma vieja que llevaba casi mil años viviendo una y otra vez buscando mi otra mitad, esa que me fue arrancada salvajemente cuando me marcaron diciendo que era una bruja y mi ejecución la hicieron una mañana del veinticinco de diciembre. Y él consumido de dolor y odio había hecho un pacto con el diablo. Que durante todos estos años él ha vagado en el mundo vengando mi muerte y tratando de encontrarme, y cuando estaba a punto de hacerlo mi vida terminaba inesperadamente siempre un veinticinco de diciembre. Según por eso mi alma se pone melancólica al reconocer la época y ya caí en depresión.

Mi amiga salió riendo de ese lugar diciendo que habíamos perdido el tiempo. Pasaron meses antes de que empezara a tener sueños extraños. Donde era yo la protagonista, aunque no me reconocía, él era siempre el mismo… siempre en lugares extraños y siempre terminábamos separados.

De ahí fue que en todos los chicos le ponía ese bello rostro que me acompañaba y perseguía en mis sueños, incluso con los ojos cerrados lo reconocería.

El diciembre que cumplía veintiocho años, la maldición llegó a mí… estábamos a tan solo unos días de Navidad y saliendo del trabajo, yendo de camino a casa de mis padres para cenar con ellos como cada miércoles, mi automóvil estaba en el taller, y el transporte público se descompuso a tan solo a unas calles de mi destino, por lo cual inocentemente no creí que pasara nada malo, tan solo había avanzado un par de calles cuando sentí que algo o alguien me seguía, nunca distinguí nada cuando miraba sobre mi hombro. Pero ahora estoy segura que “eso” de alguna manera hizo que entrara a ese bar sucio y maloliente, ya que de otra manera no lo hubiera hecho.

Me senté en una mesa escondida entre las sombras y pedí una cerveza, no tardo mucho antes de que se sentara a mi lado, me sonrió y con un acento extraño me dijo, o eso entendí: “Ha pasado tanto tiempo y es tu hora”. Después no recuerdo mucho, solo sentí su aliento gélido en mi cuello antes de que todo se pusiera negro.

En realidad no sé cuánto tiempo pasó antes de que recuperara la conciencia en un hotelucho, cansada, maltrecha, harapienta y hambrienta.

Salí dando tropiezos de motel, no estaba muy segura de donde estaba, ni la hora ni el día en que estábamos, lo único que deseaba era llegar a casa. No tenía mi bolso, por lo cual  ni dinero ni me celular… caminé entre las calles hasta que reconociera algo y saber qué hacer, qué camino tomar.

Era Nochebuena, lo que significaba que he estado fuera por una semana, por la oscuridad del cielo supongo que ya está la noche muy avanzada. Mi familia estará preocupada por mí. En mi camino no encuentro a nadie, las calles están vacías, por lo que imagino que estarán sentados en la mesa celebrando y cenando y por primera vez deseo estar en Navidad en casa celebrando.

Después de lo que fue una eternidad llegue a la calle donde viven mis padres, me llamó la atención que frente al pórtico había un chico viendo el interior de la casa con curiosidad desde la ventana. Me acercó con a él decidida, suficiente hemos sufrido estos días como para que nos quieran asaltar o algo así. Estoy a unos pasos de él y su aroma me llena, no puedo evitarlo y me abalanzo contra él sin darle tiempo a reaccionar, su dulce néctar me llena avivando cada uno de mis sentidos, es exquisito el sentimiento, la sensación de beber de él, todo lo hice por instinto y cuando me di cuenta, su cuerpo lánguido se resbala de mis manos.

Me espanto de mi misma, y con cuidado lo deposito en el suelo, cuando le veo el rostro, el horror crece en mí. Esto no me puede estar pasando, es él… el que está en mis sueños…


*****

Después de lo sucedido no pude entrar a casa, dejé que con el tiempo me dieran por muerta, temía hacerle daño a mi familia.

Han pasado demasiados años, que ya he perdido la cuenta, al igual que de los asesinatos que he cometido.

Buscando información y no sé si es la correcta o no: lo único que me puede destruir es alguien como yo. Y mientras sobrevivo con el dolor de haber perdido a mí otra mitad, el cual supongo que era como yo, al cual destruí con el regalo que me hicieron, y que ahora es mi maldición.

Hace ya muchas navidades que mi familia, a la que conocía se ha marchado, nunca más me acerque a ellos de nuevo, solo los acompañé en sus despedidas.

Mayormente mi tiempo lo ocupo buscando a alguien que me destruya y mientras esto sucede en cada rostro, en cada alma con la que me cruzo trato de encontrarlo a él, de reconocerlo… para intentar tener esa segunda oportunidad. Aun no pierdo la esperanza que él haya reencarnado. El me buscó por demasiado tiempo y yo haré lo mismo.

No sé qué ocurra primero, que lo encuentre a él o que alguien me destruya. Lo único que sé es que Navidad sigue siendo la fecha más triste para mí.







miércoles, 25 de junio de 2014

Sueños de una Bruja by Felin



Sueños de una Bruja



By Felin



Jamás me sentía en mi hogar… incluso algunas veces tuve la idiota idea de que había sido adoptada, y digo idiota, porque si me saliera barba, estuviera quedándome calva y no conociera las cremas depilatorias, cualquiera podría confundirme con ese imbécil, si ese tipejo que a la edad de cuatro años dejé de conocer lo que era una caricia, una palabra de amor proveniente del padre de mis hermanos — ya que una manera de decir que él y yo no somos parientes, aunque sea evidente, siempre digo que soy de probeta, madre conocida y donante anónimo, si las cosas fueran tan fáciles… mierda si soy un clon de él — y por diversas razones es que yo me sentía ajena a mi familia.

No es que me hicieran el feo o que yo tuve que salir de casa varios años por la economía y viviera con un familiar, nah… eso nada tiene que ver con que me sintiera ajena a mi familia, había algo… algo que incluso ni yo entendía, en algún momento perdí mi identidad con ellos, era tan independiente, era tan… soy tan valemadres que me convertí en un ser tan egoísta — y porque no reconocerlo, me sentía el ombligo del universo — donde nadie me comprendía — o quizá yo era quien no los quería comprender — y me alejé de ellos lo más que pude, guardándome todo para mí misma… lo bueno y lo malo, jamás quise compartir con ellos nada de nada, ¿Cómo para qué? ¿Para joderles la existencia como a veces yo me sentía? Una mierda que solo estaba ocupando un espacio en este mundo, robándole el oxígeno a alguien más, si ya sé soy una extremista medio paranoica, pero por años así me vi…

Como que no encontraba mi lugar en este mundo, esa identidad de poder decir, claro esa es mi familia y es donde pertenezco, de donde soy, y donde siempre perteneceré… pero por alguna extraña, siempre me faltaba algo, algo que no me dejaba pertenecer complemente a ellos aunque estuviera con ellos… ya sé suena medio extraño, pero así era.

Pero, ¿Por qué estoy hablando del pasado?

Muchas veces no valoramos lo que tenemos y nos quejamos por lo que nos falta, cuando en realidad deberíamos dar gracias por lo que tenemos, pero desgraciadamente perdemos el tiempo que es tan corto que en un parpadeo se nos va y cuando queremos apreciar la vida es que se nos ha escapado de las manos y fuimos tan idiotas e imbéciles que nunca les dijimos a tiempo un te amo y que ahora ya es demasiado tarde para que ellos nos responda probablemente con un “te amo yo también nena” o gorda o princesa o como se les ocurriera en ese momento — su puff afán de ponerme mil nombres y apodos — ahora ya nada sirve lamentarme de lo que hice y lo que no, el tiempo se me acaba y en cada suspiro se me escapa la vida… yo que siempre dije que moriría joven, hermosa y sexy… okay, hermosa y sexy aunque tenga mil kilos de pellejos que casi barro con ellos el piso que está debajo de mi, es que lo soy, para ¿qué negar lo visible?, la que es bella, es bella aunque esté a punto de cumplir noventa y cuatro años y la artritis y las sinfín de enfermedades que cargo sobre mis débiles huesos… me han debilitado tanto, pero aún sigo en pie… por lo menos hasta que pueda conocer a mis bisnietas… a mis patatitas.

¿Quién diría que sobreviviría a esta edad? Ni yo misma lo hubiera creído… han pasado tantos años y tantas cosas que quisiera olvidar, nunca a las personas, a los amores de mi vida, tantas idioteces que hice y otras que no hice y debería haber hecho… mi familia, esa que conocí y que nunca me sentí parte de ella, hace mucho se ha marchado y sí, tengo el sueño, por lo menos espero que no sea un sueño idiota, del que en alguna parte me están esperando para darme esa segunda oportunidad… el amor de mi vida también se ha marchado hace algunos años y mi corazón jamás volvió a brincar de la misma manera cuando él me observaba y giraba los ojos cuando lo exasperaba un poco, más de cincuenta años estuvimos juntos, mismos que me tuvo que aguantar haciendo de tripas corazón, dando un suspiro profundo y sonriéndome con ese amor infinito que solo ese hermoso rostro siempre tuvo para mí.

A un día de mi cumpleaños y cuando todos me dijeron que debería aguardar en casa a que llegara mi nieto con noticias, ya que el frio que hace en estos días no me hace nada bien a mis frágiles huesos, es que no hubo quien detuviera a esta vieja… bruja necia que siempre he sido y montada en mi macho, estoy en la sala de espera de maternidad a que me digan que mis bis-patatitas — yo siempre supe, que las patatitas serían algo que marcaría mi vida, mi familia, desde el primer día que supe que yo las estaba esperando, y no me equivoque, mi patatita nos dio a dos patatitos — que mi viejito adoraba jugar con ellos futbol aunque no pudiera seguirles el paso y cuando se desesperaba levantaba su bastón en amenaza, ¿Cuántas veces me habré burlado de él sobre que la niña exorcista era yo, para hacer esas amenazas? — y uno de esos patatitos es que hoy, está a punto de darme el título de bisabuela, con dos hermosas princesas… digo patatitas, haciendo que mi bella familia, crezca de tal manera y que hoy me arrepienta que con mis madre y hermanos no pude sentirme de esta manera… si tan solo hubiera tenido más tiempo con ellos para compartir estas alegrías… el único consuelo que me queda, es que creo que esa sensación fue solo de mi parte y ellos si me sintieron parte de su familia… hoy de nada me queda lamentarme por lo que hice y por lo que no… sé que pronto los alcanzaré y tendré esa oportunidad para gritarles “TE AMO” y se enteren de una vez por todas lo que ellos son para mi…

Las horas son largas y la espera se me hace eterna… no quisiera hacerlo, no quiero perderme la oportunidad de ver su expresión en los ojos… pero mi cuerpo me reclama un descanso… si cierro los ojos un momento, tan solo unos minutos…

***

—¡Mami, mami! —sin siquiera esperar a que acuda a mi habitación, me levanto de la cama y corro a su habitación, las lágrimas recorren mis mejillas y en cuanto entro y ve mi rostro ella alarmada se pone de pie y me alcanza antes de que pueda subirme a la cama y me abraza al mismo tiempo que comienza a recorrer de manera confortable sus manos por mi espalda y me susurra al oído:

—Tranquila nena, fue solo una pesadilla, y yo estoy aquí para cuidarte y protegerte… —me da un beso en la mejilla al tiempo que me toma en brazos y me lleva a su cama.

—Es que yo… tú… —decía entre sollozos mientras ella me seguía consolando— todos…

—Nena, cierra los ojos, que mientras yo esté a tu lado, nada ni nadie te hará daño, pero será mejor que trates de descansa que mañana hay colegio y yo debo ir a trabajar —comienza a arroparme y me da un beso en la mejilla— será mejor que vaya a ver a tus hermanos que estén bien y que ellos… —no terminó de decirlo, cuando mi hermano mayor entró corriendo directo a la cama donde comenzó a brincar sin importarle que yo estuviera ahí y pudiera caerme encima y a lo lejos se escucha el llanto de mi otro hermano que aún estaba en su cuna— creo que hoy será una noche muy larga —mi mamá en un susurro para ella habla mientras sale de su habitación, pero antes de que lo hiciera, salí de la cama y corrí a abrazarla.

—Te amo, mami —le dije mientras le daba un beso en su rodilla que era lo que estaba a mi nivel, ella con lágrimas en los ojos, me abrazó.

—Y yo te amo a ti nena —me dio un beso antes de tomarme de la mano y llevarme de vuelta a la cama.

—¿Y, a mi…, a mí me también… me amas? —Mi hermano que seguía brincando en la cama le pregunto al mismo tiempo que se detenía y buscaba abrazarla.

—Por supuesto que si…

—¿Y al pelón? —señala mi hermano fuera de la habitación.

—A tu pequeño hermano también…

—¿Y a quien amas más?

—A todos por igual nena… son mi familia, son parte de mí… y cuando tengas a tus hijos sabrás que no podrás hacer diferencias entre ellos nena.

—Yo quiero tener por lo menos dos patatitas…

—¿Patatitas? —me pregunta con una sonrisa en los labios.

—Larga historia Pollo… larga historia —respondo con suficiencia… claro hasta donde mis escasos cuatro años, okay casi cinco me lo permiten.

—¿Pollo?

—Larga historia mami… y tenemos mucho tiempo para contarnos toooodo eso y más cosas… ¿ya te dije que te amo? —Sonrió ampliamente, porque esa segunda oportunidad que desee por años la tengo ahora, tengo la oportunidad de corregir mis errores y demostrarme y demostrarles que yo soy parte de esta familia y que siempre lo seré.



miércoles, 11 de junio de 2014

Patatita - Un Cuento Para Dormir by Felin



Patatita
(Un Cuento Para Dormir)

By Felin



—Buenas noches mi princesa.

Iker besa en la frente a su pequeña Aitana de cinco años mientras la arropa en la cama y prende la lámpara de noche con grabado de princesas para que no se quede completamente en penumbras que aún hay noches que se levanta asustada por el lobo que se la quiere comer, o la bruja verde, la de Hanzel y Gretel, o cualquier otra de algún cuento, o la madrastra de Cenicienta, vaya incluso hasta las hermanastras no la dejan dormir tranquila casi nunca.

Y a pesar de eso Aitana es que nunca perdona que se vayan de su habitación sin contarle una historia, Aleska, su madre, recuerda que ella era igual a esa edad, por lo que no le costaba trabajo hacerlo, pero Iker que es un hombre que pocas veces es efusivo en la demostración de sus sentimientos, cada noche que le toca o quiere llevarla a la cama es un martirio para él. Pero a pesar de eso, aunque lea solo algunas líneas de algún cuento famoso, Aitana normalmente se queda satisfecha. Con su madre juega y construye historias nuevas, pero no por eso desprecia las historias de su padre.

Aitana tiene una gran imaginación y a pesar de que apenas conoce las letras, es que durante el día se la pasa jugando con sus muñecas y peluches y con sus escasos cinco años es una gran cuenta-cuentos.

—Papi —Se sienta en la cama cuando se da cuenta que él está a punto de marcharse.

—¿Qué pasó mi princesa? —contesta a la mitad de un bostezo.

—¿No se te olvida algo? —Le dice sonriéndole ampliamente.

—¡Princesa! En verdad hoy ha sido un día… —guarda silencio un segundo al ver el rostro de decepción de su niña—. ¿Te conformas con una mini historia?

—Siempre que tenga final feliz…

—¿Y porque con final feliz? —se acerca a ella para abrazarla mientras trata de pensar en un cuento para que se duerma, sabe que si toma un libro tardará más tiempo y aún debe trabajar en la computadora unas horas más antes de poderse ir a acostarse.

—Porque esas son las más bellas historias papi. —Una vez que se acomoda su padre, ella se recuesta ligeramente sobre él con gran ilusión de escucharlo, ya que es la primera vez que él no lleva un libro en sus manos—. ¿Y la historia se llama?

—Mmm…Patatita —Dice con una sonrisa en los labios Iker al dar ese nombre.

—¿Patatita? —La pequeña Aitana pregunta desconcertada.

—Vale, princesa… ¿quieres que te explique o que te cuente un cuento?

—Cuento…

Iker carraspea tratando de acomodar las ideas para hacer una historia corta y coherente, y para su sorpresa es que tiene más publico esta noche. Sin decir nada solo con un pequeño movimiento de cabeza le pide a Aleska que se acomode para escuchar la historia de ese día.

—Hace muchos años, en un mundo donde todo es tan diferente al que conocemos ahora, en un pequeño pueblo donde la princesa más hermosa y…

—Pero ¿cómo se llama el pueblo papá? ¿Y la princesa?

—Se llama… —Interviene Aleska— Dreams World… Felin Dreams World

—En Felin Dreams World vivía la princesa hermosísima Kasela que era el ser más noble y sencillo que habitaba en el pueblo y sin importarle lo que pudieran decir los reyes sus padres y su hermana que también era princesa, ella se hizo amiga de un pobre y muy humilde herrero que su único medio para sobrevivir después de que desde muy pequeño perdió a su padre y él era el sustento de tres hermanas y su madre tenía que trabajar desde que salía el sol hasta que este se ponía y no podía creer que Kalesa hubiera puesto los ojos…

—En ese pobre y humilde herrero que todo mundo conocía como Erik, él a pesar —Aleska interviene en la historia— de tener que trabajar para poder sacar adelante a su familia confió en la bella y desinteresada Kalesa y aunque muchos no creían que podía haber amistad entre ellos…

—Es que tenían toda la razón, —continua Iker— ya que desde la primera vez que vio a Kalesa, a pesar de que ella contaba con tan solo quince años y él casi cinco años más que ella, en un principio es que eran los mejores amigos, y se compartían todo. La princesa Aleska casi todas las tardes despues de escaparse de su institutriz iba al taller mec… al…

—Taller de herrería y aunque no podía ayudar a Erik en los trabajos que tenía que realizar, por lo menos se encargaba de distraerlo y hacerlo sonreír por lo menos una vez en la tarde.

—A veces no era tan fácil ya que Erik el herrero —Iker le guiña un ojo a su esposa— aparte de tener que trabajar durante tantas horas, salía del taller corriendo para poder llegar a un pequeño instituto que había en el pueblo y continuar sus estudios porque él se negaba a ser un simple herrero, si es que quería conquistar el corazón de su amada princesa Aleska tenía que ser el mejor herrero que pudiera para ofrecerle un futuro, para ella y sus hijos y ya con la noche muy avanzada, llegaba a su humilde hogar donde su madre lo esperaba con un plato de comida caliente y el aprovechaba ese rato para estudiar lo que le había enseñado el hechicero…

—Fueron tiempos difíciles y Kalesa se desesperaba por no poder hacer nada más por él… ya que desde la primera vez que lo vio ella se enamoró perdidamente de su herrero… incluso trató de hablar con el rey, su padre, para ver si podía haber alguna forma de ayudarlo, pero Erik era muy orgullo y antes de permitir eso, él se fue lejos de Kalesa, de Felin Dreams World para tratar de forjarse un futuro…

—Para ofrecerle a Kalesa y quizá atreverse a pedir su mano en matrimonio, y con el corazón partido en dos Eric se marchó a un lugar donde magos y hechiceros poderosos podrían enseñarle muchas cosas nuevas y estas las podría aplicar en su trabajo una vez que dominara los conjuros, pero su mayor sorpresa fue cuando un día lluvioso la princesa Kalesa estaba fuera de su habitación con un pequeño morral en el suelo, Eric no podía creer lo que sus ojos estaban viendo, aunque trató de convencerla que se marchara y regresara a su reino donde no pasaría hambre ni frío, ella se negó rotundamente…

—Pero le dije que estar lejos de él… —suelta una carcajada Aleska— Kalesa se negó diciéndole que prefería dormir en la calle o vivir sin él porque hacerlo era respirar sin aire y después de hablarlo mucho… de conseguir alguna institutriz nueva, es que el pobre herrero y la bella princesa comenzaron a vivir juntos… ella aún era una niña y Erik vivía para darle lo más que pudiera… y a menos de un año de vivir juntos…

—Aunque Aleska trató de ocultarlo por temor que de nuevo tratara de convencerla a que regresara a su reino, como muchas veces antes lo había intentado Erik, calló la verdad unos meses, pero el vientre normalmente delgado de Aleska es que estaba creciendo y yo no podía ocultarlo. Y entre llantos le dijo que lo lamentaba, que había un hostel donde estaban solicitando gente para trabajar y que ella mientras pudiera trabajaría de lo que pudiera…

—Erik comportándose como un bufón, le hizo creer a la pobre que no entendía nada de lo que le estaba diciendo, y solo le preguntó una vez más que era lo que le había pasado a su vientre…

—Y la pobre princesa solo le contesto entre llantos que se había comido demasiado y una patata se le había quedado en la tripa —Iker en ese momento se pone de pie y se acerca a su esposa para abrazarla porque está a punto de llorar—. Erik en ese momento y no pude contener la carcajada y entre risas le dijo a su princesa… que esa patatita en su tripa algún día sería la más hermosa del mundo. y tuvo razón, seis meses esa patatita lloraba sin cesar por los brazos de sus padres cada vez que la dejaban en su cuna.

—Y la patatita… ¿Cómo se llama? —Aitana que durante todo el relato de sus padres había estada callada pasando la mirada de uno al otro, se atrevió hablar toda emocionada con la historia.

—Aitana —contestaron los dos al unísono.

—¡Wow! —Gritó emocionada Aitana— esa patatita se llama como yo…

—Aunque en un principio las cosas fueron difíciles —Iker continua narrando la historia— lograron salir adelante los tres viviendo en una casa humilde, mientras la princesa Kalesa y la patatita Aitana se quedan en casa, Erik continuo sus estudios por la noche mientras que por el día trabajaba en una herrería enorme…

—Han pasado casi siete años desde que Aitana llegó a la vida del herrero Erik y la princesa Kalesa haciéndolos muy felices siempre y que no creía que… —Aleska dice con dificultad— que a esa pequeña familia les hiciera falta algo más… y Kalesa tenía la difícil situación de hacer que su patatita no se pusiera celosa y que su herrero no se sintiera más presionado y ni se molestara cuando se enterara que la princesa nuevamente tendría que abandonar los estudios temporalmente con los hechiceros porque se hace unas semanas se ha comido otra patatita que le está creciendo en la tripa —el llanto ya no lo puede contener, e Iker la abraza al mismo tiempo que ambos comienzan a llorar.

Aitana no entiende la reacción de sus padres.

—Aleska… —Iker le hablaba con voz temblorosa— ¿Cómo…? ¿Cuándo…? ¿Porqué…?

—Hoy en la mañana he ido por el resultado al doctor y…

—Un momento —Aitana se pone de pie mientras se acerca a sus padres, porque de momento lo ha comprendido todo y con los ojos abiertos como platos los abraza a ambos— ¿la patatita Aitana y yo somos las mismas?

—Sí princesa —le contesta Iker.

—Y si a la princesa Kalesa no le fallan las cuentas en unos ocho meses tendrás un pequeño hermanito o hermanita aquí en casa.

—Y… ¿podre cuidarlo? ¿Contarle cuentos? —pregunta mientras da pequeños saltitos alrededor de ellos.

—Por supuesto que si… ya que serás la patatita mayor y tu responsabilidad es cuidar, crecer y divertirte junto a tu hermanito…

—O hermanita —termina Aleska.

—Y este cuento ¿Cómo termina? —Iker la ha tomado de la mano y la lleva de regreso a la cama.

—Y vivirán felices por siempre —responde Iker—. ¿Lista para dormir?

—Con una condición…

—¿Una condición? —Aleska trata de contener la risa ante la petición de su pequeña.

—Que mañana e sigan contando más de la historia de la patatita.

—Solo si te duermes ahora princesa, que tú mamá y yo debemos hablar.

—Yo no soy princesa papá —Aitana se acomoda bajo las mantas— la princesa es Kalesa… yo soy la patatita.

Tanto Iker como Aleska le dan un beso a su pequeña mientras salen de la habitación con una sonrisa en los labios al ver la felicidad plasmada en el rostro de su pequeña patatita.


Fin


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