viernes, 30 de septiembre de 2016

Celebración (one shot) by Felin

Celebración

by Felin


—¡Andrea! —grita mi madre en cuanto entra a mi habitación y me ve con la mascarilla de aguacate que me he puesto en el rostro—. Pero niña, te dije que me ayudarás y lo único que hiciste fue entrar a la cocina a robarme mis ingredientes y venirte a encerrar a tu recamara como vil oso invernando. Si no quieres ayudarme en la cocina, bien podrías poner la mesa o los adornos…

—¡Ay ma! Pero que exagerada eres —digo poniéndome en pie de un salto de la cama mientras caen las dos rodajas de pepino al suelo y el aguacate comienza a derretirse sobre mi piel comenzando a gotear y manchando el suelo—. Solo a ti se te ocurre “celebrar” el inicio de la independencia… pero ¿qué celebras?, el país está mal y así seguirá mientras siga el gobierno corrupto y los “idiotas” que se quejan y no hacen nada, pero eso sí, estiran la mano para que el gobierno les de su cheque porque salen con la imbecilidad: son mis impuesto esto me corresponde… claro lo único que se hace es que se hagan más huevones mantenidos quejicas a mas no poder y no hacen nada. Eso… —me celebro a mí misma— por eso no avanzamos, porque que creen que haciendo marchas les dará lo que quieren, total los que vandalizan son los policías que quieren ponerlos en mal, ellos son mexicanos respetables y trabajadores que solo buscan que se voz sea es escuchada y creen que así solucionarán todo, además les vale madres que afecten a los que si trabajan y estudian atorándolos estúpidamente en el tráfico, porque vienen y dicen es mi derecho… si claro, es su derecho de ching…

—Andrea, deja de estar diciendo esas barbaridades —suspira al tiempo que se da la vuelta y comienza a cerrar la puerta— total, si no querías ayudarme, me lo hubieras dicho claramente y ya, total, la única que hace las cosas en la casa soy yo, si por ti, tus hermanos y padre… cenaríamos unos tacos y quizá una cerveza o refresco y veríamos el grito en la televisión, y a las 12 ya estaríamos en la cama… simplemente no entienden.

Y sin más cierra la puerta.

El dolor, la decepción de sus palabras en el tono de su voz me calan, es cierto, cada fecha de este tipo es lo mismo. Le gusta complicarse la vida. ¿Qué tiene de malo una cerveza y tacos? Pero no, prefiere meterse horas en la cocina, corriendo mientras cocina, pica, pasa, acomoda y nadie (ni yo) le decimos: ¡que rico te quedó!, o un  simple gracias.

Así que sin pensarlo me voy corriendo a la ducha y me doy un regaderazo de cinco minutos y cuando salgo, busco esa ropa que me compró hace un año y lo único que hice fue ocultarla en el fondo del ropero esperando que el color monocromático de mi guardarropa la escondiera.

Yo con falda larga y rojo, blusa blanca y para el colmo mis manos parecen cobrar vida propia mientras hace dos trenzas y las adornas con un moño. “Dioses” lo único que agradezco que no están mis amistades aquí porque quedaría desterrada de por vida… me maquillo ligeramente dejando a un lado los tonos oscuros. La chica que me devuelve la mirada se me hace conocida, pero hace mucho se fue muy lejos que casi no la reconozco.

Bajo corriendo las escaleras y veo que algunos de mis familiares (lease gorrones) ya llegaron y están tomando cubas, cervezas y chicarrones y no sé qué tanto más. Abro la puerta de la cocina y veo a mi madre vestida casi igual que yo (solo con una docena de collares multicolores extra que caen de su cuello), a mis dos tías y mi prima vestidas de manera muy similar. Ellas ríen mientras pican, mueven la olla y se escucha como suenan los cubiertos y platos al chocar unos contra otros, teniendo de fondo la música que mis tíos y primos que cantan en el jardín sin buena voz (parecen más aullidos que otra cosa) tratando de imitar a Juanga o Vicente.

Y como cada año, cada fiesta, cada celebración… este es el momento en que lo entiendo. Las fechas solo son pretextos, simplemente pretextos para hacernos gastar por “x” razón. La celebración real, la que vale la pena, la  tengo frente a mí: La convivencia, el amor, las risas… la familia reunida compartiendo un tiempo, ese que nos quejamos de no tener y pocas veces lo hacemos. Por eso celebramos estas fechas. No por Miguel Hidalgo, Allende o quien sea quien haya comenzado esto o cualquier otra fecha importante. Celebramos a la familia, a ese México que se olvida de todo lo malo (aunque sea por un momento) y gozan el momento de estar juntos.

—¿Necesitan una mano? —digo con la sonrisa más natural que puedo ya que no han notado mi presencia todavía.

—¡Andy! —se acerca una de mis tías y me da un beso en la frente—, puedes picar la cebolla y…

—No seas mala, —le reprende mi madre—, la vas a hacer llorar y tan bonita que está hoy, —me da un beso en la mejilla— hay que poner la crema y el queso en los platos que están ahí —señala con la cabeza— y empezar a pasar todo al jardín…

—¡Gracias Ma! —le digo al tiempo que la abrazo y le doy un beso.

—¿Y eso?

—Por no dejar que estas tradiciones se pierdan.

—Estás hermosa —me dice al tiempo que me devuelve el beso y se seca discretamente el indicio de una lágrima que está amenazando con recorrer su mejilla.

—Igual que tú… pos soy tu hija ¿no? Pero que les parece que antes de todo nos tomamos un tequila —lo digo al tiempo que empiezo a sacar los caballitos y el tequila que esconde mi madre en una de las repisas y toma disimuladamente cuando está recluida en su cocina sola ahogando sus penas o saciando un antojo.

—¿Y por qué vamos a celebrar?

—¿Por México? —pregunta mi prima pequeña.

—Por la familia —digo con una sonrisa mientras empiezo a repartir las copas.





sábado, 27 de agosto de 2016

Por Ella by Felin



 Por Ella



No sé cuánto tempo ha pasado desde la última vez que la vi.

He tratado de ahogar lo que siento en alcohol, debajo de otras faldas y labios, tratando de borrar sus huellas que ha dejado sobre mí. Y todo intento que he hecho ha sido en vano.

Solo la siento más presente, más viva que nunca.

Y noches como estás me la recuerdan aún más, ya que como flor temblorosa, apretujaba más su cuerpo pequeño junto al mío buscando mi protección como si un rayo fuera atravesar el ventanal de nuestra recamara y cayera sobre ella o en ese haz de luz que ilumina un instante la oscuridad de la habitación viera reflejado a un ser maligno que viniera a hacernos daño.

Hay días que parece que escucho su voz e incluso puedo sentir su aroma flotar alrededor mío envolviéndome cálidamente. Pero aunque me duela como si me clavaran una daga en el corazón cada vez que me repito ella ya no está y eso no cambiará  por más que mi alma lo clame.

Alguna vez en una  plática que tuvimos que yo me molesté, cuando sacó ella el tema fue precisamente de que no le gustaría que me atara a su recuerdo, que tenía que recordar que la vida continuaba y no podía estancarme por lo que ya no podía ser y yo enojado le pregunté que por qué diablos estábamos hablando de ese tema y ella me dijo que en la mañana vio un accidente en la parada del bus y que había perdido la vida una chica al bajarse de la acera sin fijarse antes de hacerlo y quedó atrapada debajo de las llantas del autobús, lo que le había hecho pensar que la vida no la teníamos comprada y en cualquier momento podía sucedernos algo. Y solo para que cambiara de tema asentí sin darle gran importancia.

Y hoy meses después recuerdo esa charla a la que no le di importancia y me parece que debería cumplir mi palabra, esa que le di sin pensarlo siquiera. Debo despedirme de ella y tratar de continuar mi vida.

—Becca… Becca… —Sandra se acerca y toca el codo de su amiga para que reaccione—. Está por cerrar el cementerio y está oscureciendo… ¿desde que hora estas aquí?

—N…no puedo Sandy, simplemente no puedo vivir sin él… —se limpia las lágrimas con la manga de su sudadera mientras hipa tratando de aclarase la garganta—, lo necesito a mi lado y sin él yo no…


—Becca, cariño —la abraza para ayudarle a levantarse— han pasado casi dos meses desde que Jude tuvo ese accidente en la moto y…






viernes, 22 de julio de 2016

Tu Sonrisa by FelinDreams (One Shot)



 Tu Sonrisa 


By Felin




Había sido un fin de semana maravilloso, sé que ahora que tengo que regresar a la realidad deberé enfrentar a mi padre. No puedo decir que no me ama, tiene una forma extraña de demuéstramelo. Pudo haberme enviado a vivir con alguno de mis abuelos, ya que sé perfectamente que él me culpa a pesar de que yo no hubiera tenido la culpa en realidad, pero a veces cuando me observa de esa manera tan fija, torciendo ligeramente sus labios hacia la izquierda, baja unos escasos milímetros la ceja derecha que aparece junto a ese pequeño tic, ese temblor en el ojo, es porque está recordando ese día, cuando la perdió a ella y yo llegué a su vida.

Nunca me ha puesto una mano encima aunque ganas no le han faltado, pero cada vez que habla con ese tono ligeramente ronco, frió es como si me golpeara y la verdad es que así golpea mi alma, esa que llora en silencio y se desgarra cada día más.

Tal vez por eso he buscado esas caricias, eso amor en otros hombres, ese que me ha negado él toda mi vida. He recibido migajas solamente de ellos. Tampoco es que haya estado con tantos, pero a mis casi veintiún años es increíble que esté a punto de llegar a una cifra de dos dígitos. Mis amigas (que en realidad puedo contar con una mano y me sobran dedos), solo han tenido uno o máximo tres, y una de ellas sigue siendo virgen… yo desde muy pequeña di ese «regalo» hace como siete años, esperando sentirme amada y solo fui utilizada. No me he acostado con todos, tampoco soy una imbécil, aunque decir que he estado en la cama con la mitad de ellos no me enorgullece.

Ethan fue diferente desde el principio, él fue… es mi amigo, mi confidente, pero lo más probable es que cuando se enteré de toda la verdad, de esa que no me atrevo a hablar con nadie, él también me abandonará.

Cuando llegue ese momento me preocuparé, hoy, en este instante debería estar deleitándome con el majestuoso escenario que nos rodea que parece salido de un cuento de hadas, una pequeña escarcha adorna la copa de los arboles más altos al igual que las montañas que nos rodean. Los rastros del invierno se están desvaneciendo para darle ya cabida a esa primavera que parece tener urgencia por demostrar su belleza.

Estar durante tres largos días —aunque los sentí tan cortos— que no deseaba que se terminaran llegaron a su fin y después de pasar en esa casa de descanso de los padres de Ethan junto al lago, es doloroso tener que regresar a casa, y ver ese tic en el ojo de mi padre cada día o convivir con sus largos silencios mientras estamos sentados en la mesa o en cualquier lugar que coincidamos. De solo recordar me duele el pecho y me cueste trabajo respirar.

No hago ningún movimiento extraño, pero parece que Ethan ha notado algo en mí para que voltee a verme y deje de ver unos segundos el camino que tenemos adelante.

Le sonrío de regreso y no puedo apartar la vista de ese rostro de quijada marcada y esos hermosos hoyuelos que se le hacen en la mejilla. Un año ha sido suficiente para que me aprendiera de memoria cada línea de su rosto, cada musculo de su cuerpo, todas las diferentes miradas que me dedica… pero lo que más me gusta de él, es que cuando sonríe, me sonríe lo hace con todo su cuerpo e ilumina mi vida, mi ser.

—Si sigues observándome de esa manera, podemos tener un accidente —me dice al tiempo que pone esa sonrisa en sus labios y me hace un giño con su ojo.

—¿Y qué más da? —le respondo lo más seria que puedo—. Hace un año, exactamente un año tuve un accidente en esa curva, —le digo sin quitarle la vista de encima y cabeceo hacia el frente, al camino, donde hay una curva en la carretera— y mi corazón se detuvo, no podía respirar y…

Se pone lívido en un instante, disminuye un poco la velocidad y sin quitarle completamente la vista a la carretera me ve de reojo con cierto nerviosísimo.

 —¿De qué estás hablando Eileen? —su voz tiembla ligeramente—. Me habías dicho que nunca habías venido a…

—Es cierto, nunca había venido aquí —sin poder aguantarme más la risa, trato de disimular todavía—. A la curva que me refiera es esa que me mostraste apenas hace unos segundos.

Suelta un suspiro, ya que parece estaba conteniendo la respiración e inmediatamente vuelve a poner esa curva que hace que mi corazón se detenga y deje de respirar.

—Puff, Leen —vuelve a sonreír—, eres increíble ¿lo sabes?

—Solo cuando estoy a tu lado, además, ¿cómo que te he asustado? ¿este viaje no fue para celebrar nuestro primer año de conocernos, de la primera vez que volteaste a verme y me sonreíste?

—Y de seis meses que me dijiste que me amabas… claro después de que yo te lo dije primero.

 —¿Ahora te queda claro que hace exactamente un año, mi corazón dejó de latir y no podía respirar, por culpa de esa curva? —y sin más resistencia solté la carcajada.

—Entonces, también deberías tomar en cuenta que ese día hubo dos accidentes, solo que el mío fue en otra curva.

Eso hace que se me olvide a la que me voy a enfrentar en un par de horas en casa. Y de nuevo él se da cuenta de mi preocupación.

—Déjame hablar con tu padre y…

—Eso complicaría las cosas Eth.

—Confía en mí, no estás sola.

—Lo sé.


Pero también sé que si él se presenta en casa, las cosas se pondrían peor que nunca. Y más ahora que mi tía Lisseth está en casa de manera indefinida. Ese motivo fue el último empujón que necesitaba para decirle a Ethan que hiciéramos este viaje, durante semanas me trató de convencer y yo me negaba, pero ¿cómo seguir negándome cuando el infierno estaba  punto de entrar en casa? sí de cualquier manera me hará la existencia imposible, que sea con provecho, digo yo.




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